El alarbe de Marsella v1

IGR: 5138. Versión: 1. Rima: é-o. Hemistiquios 270.

Concepción (Concepción, Chile)

A la celestial Princesa,    madre del divino Verbo,
le pido me dé su gracia,    porque sin ella no puedo
mover mi rústica lengua,    ni dar a entender al pueblo
lo que sucedió en Marsella    a un desdichado mancebo,
por sus torpezas y vicios    y sobrado atrevimiento.
Y con el favor divino    de la que es Reina del cielo,
daré principio al romance;    para que sirva de ejemplo
a los que siguen los vicios    y deleites d`este suelo.
En la ciudad referida    residía un caballero;
este tal tenía un hijo    cuyo nombre no refiero,
mas diré qu` era un alarbe,    según lo dirán sus hechos.
Que apenas llegó a quince años    quiso vivir tan travieso,
que a sus padres les perdió    los más días el respeto,
no por falta de doctrina,    porque su padre un maestro
tenía que le enseñara;    y él, atrevido y soberbio,
hacía lo que se le antojaba,    sólo por no estar sujeto
a la obediencia del padre.    Se salía de secreto
por una excusada puerta    que había detrás de un huerto,
y al primero que encontraba,    sin temer a Dios inmenso,
le quitaba por su gusto    la vida, luego, al momento.
Desta suerte mató quince    sólo por un pasatiempo,
hasta que al fin una noche    permitió Dios verdadero,
qu` esta maldad, esta infamia    y este torpe atrevimiento,
se descubriese, matando    a un principal caballero,
que apenas le dio la muerte    fue de la justicia preso,
y a la cárcel lo llevaron,    y su padre con dinero
y favores de otros nobles,    le libraron de aquel riejo,
y a su casa lo llevó    dándole mil documentos.
Cuando solía insultarlo,    más infundía en su pecho
la maldad, pues una noche,    determinado y resuelto,
le dio la muerte a su padre    estando el triste durmiendo;
y a un hermano que tenía    de siete años y medio,
de una cruel cuchillada    fuera le echó los sesos;
y a su madre dejó en vida    por darle más sentimiento,
atada de pies y manos    en un escuro aposento.
Después se fue a abrir las arcas    y las fue reconociendo,
y el oro y plata que había,    joyas y alhajas de precio,
las puso en una maleta,    sin dejar ningún dinero,
y en un ligero caballo    que atrás dejaba el viento,
al amanecer el día    se salió, dejando muertos
aquellos dos inocentes:    ¡Jesús, qué notable yerro!
Al cabo de poco rato,    una mujer de gobierno
que cuidaba de la casa,    sintió los tiernos lamentos
de su dueña, y entró al punto    a favorecerla, y viendo
aquella fatal desgracia    que ya referida tengo,
dió voces al vecindario.    Dentraron todos, y luego
avisan a la justicia,    la cual vino, y escribieron,
por relación de la madre,    la verdad d`este suceso.
Al otro día siguiente,    con muy grande desconsuelo
los dijuntos se enterraron;    ¡Dios que los tenga en el cielo!
Aquella fiera indomable    con otros diez compañeros,
saltiaban por los caminos    robando a los pasajeros,
y a muchos daban la muerte    para no ser descubiertos.
Llegaron tarde a una venta,    y porque no les abrieron
las puertas, con ira y saña,    para matar al ventero,
le dieron fuego a la venta;    y desde ahí se partieron
a reino de Cataluña,    ejercitando lo mesmo.
A una doncella encontraron    con su padre anciano y viejo:
los once los insultaron    sin temer al Dios inmenso,
y después a padre é hija    los arrojaron al fuego,
pa que acabasen sus vidas    con el voraz elemento.
Pasaron más adelante,    encontraron a un arriero
con dos cargas de tabaco:    al instante lo prendieron,
y a las mulas y a él dejaron    atado en un monte espeso,
y el tabaco y las dos mulas    en un lugar las vendieron.
A la posá donde estaban    llegó un mercader, y luego
que vieron tan buena presa,    dijeron al mesonero:
Señor mío, esta noche    perdices en sarmorejo
queremos para cenar,    y seis pares de conejos.
Y le dieron dos doblones    para el gasto, ¡vaya bueno!
Mientras tanto que las cenas    las mujeres compusieron,
con el mercader trataron    conversación, conociendo
que traía mucha plata,    y con alevoso intento
cenaron y se acostaron.    Ya de que estuvo en silencio
la casa, se levantaron    todos once, y se fueron
al cuarto donde dormía    el mercader, y le dieron
la muerte alevosamente;    y después, cuatro mil pesos
que traía en las maletas,    quitáronle, y se salieron
todos por una ventana,    y en un bosque se metieron.
Allí pasaron la noche,    y apenas el manto negro
la noche tendió, ocultando    las luces del claro Febo,
enderezan su camino,    no sienten ningún recelo,
y dentro de breves días    a Marsella se volvieron;
y antes de llegar, robaron    en el convento `e San Diego,
cáliz, lámpara, patena,    con los demás ornamentos
que en aquella iglesia había    para los cultos supremos.
Entró en Marsella una noche    con los demás de su gremio;
a la casa de su madre    llamó a la puerta: de presto
entró, y hallóla que estaba    tiernas lágrimas virtiendo
imaginativa y triste;    y él, atrevido y soberbio,
quiso quitarle la vida;    pero le salió al encuentro,
así que le vio, la madre:    arrodillóse en el suelo
delante de un crucifijo,    estas palabras diciendo:
«Permite, Señor divino,    por vuestro poder inmenso,
en una forma espantable    vea yo este alarbe fiero,
sin que se pueda mover,    pa que sirva de escarmiento
a todos cuantos le vean.    ¡Oidme, Señor, atento,
pues ofendió tu belleza;    y no contento con eso,
quitó la vida a su padre    sin temer al Padre nuestro»
Esto dijo, y de un repente    se trasformó tan horrendo,
plantado en medio`e la sala,    todo formado su cuerpo
de una espantosa culebra    toda cubierta de pelo,
con los pieses de caballo,    las manos de león fiero,
la cabeza de dragón    que causaba asombro y miedo:
sólo le quedaba el rostro    de hombre, pero virtiendo
por ojos, boca y narices    vivas centellas de fuego.
Salíale de la boca,    por permisión de los cielos,
un rótulo que decía:    «Vengan a tomar ejemplo
los hijos inobedientes    a sus padres, que por eso,
y haberle dado la muerte    a mi padre, estoy ardiendo
en las más ardientes llamas    del abismo del infierno».
Apenas le vio la madre    en aquella forma puesto,
cayó en tierra desmayada    y recobrando el aliento,
llorando lágrimas tiernas,    al Auctor del universo
pidió que le perdonara;    pero ya no hubo remedio,
porque ya ardía en las llamas    de los abismos eternos.
Alborotóse la casa,    los vecinos y los dueños,
y todos los moradores    de la ciudad acudieron.
Al ver visión tan horrible,    sin poder tomar aliento,
atónitos y asombrados    muchos en tierra cayeron.
Unos santos sacerdotes    conjuraron al momento
el espectáculo, y dando    un estallido tan recio,
desapareció, dejando    un olor tan violento
de azufre por la ciudad,    que duró por mucho tiempo.
Los otros diez que quedaron    la cuadrilla deshicieron,
y en conventos diferentes    el hábito recibieron
del seráfico Francisco,    misericordia pidiendo
a Dios y a su santa Madre    con grande arrepentimiento,
para que Dios les perdone    los malos pasos que dieron.
¡A la enmienda, pecadores,    pongamos al vicio freno,
y observemos la obediencia    a nuestros padres, que en esto
quedaremos bendecidos    del Sacro Espíritu Santo!
Mira que Dios nos lo manda    en el cuarto mandamiento
de su santa ley divina,    y de otra suerte tendremos
paz y concordia en la tierra    y eterna gloria en el cielo.
-27b riejo: entre vocales, sg, zg, se convierten en j: riejo, rejo, arriejar, mayorajo, jujar, noviajo, por riesgo, sesgo, arriesgar, mayorazgo, juzgar, noviazgo; -29a insultarlo: Exortarlo (Durán); -35b escuro: pronunciación corriente en el bajo pueblo; -46b :dentrar por entrar es común en todas las clases sociales; -50a dijunto: el cambio de f en j se observa antes de las vocales o, u, y más comunmente, de los diptongos ue, ui: jogata, dijunto, juerza, juimos, por fogata, difunto, fuerza, fuimos. De aquí el dicho popular con que he oído despedirse a algunos guapetones, al subir bizarramente en sus cabalgaduras: «con una jota y una i, dijo un huaso me juí» ; -52a saltiaban: lae átona seguida de a ú o en hiato o en cuasi-diptongo, se cambia en i al diptongarse: rial, linia, lion, por real; línea, leán. En iguales circunstancias, la o átona seguida de a o é, se cambia en u: cuágulo, herue, por coágulo, héroe. De aquí toma origen nuestro popular contracción de cuanto ha: «Cuantuá lo vi», que vale «lo vi hace tiempo»; -58b viejo: ciego (Durán); -66a posá: posada; -68b sarmorejo: salmorejo; -72a trataron: trabaron (Durán); -74b Ya de que o de que por cuando, es vulgar: De que lo traigan lo veré, por cuando lo traigan. . . etc.; -89b virtiendo: También virtió, virtieron; -100a De un repente es más usado, entre el pueblo, que de repente; -103a pieses: pronunciaeión afectada de gente cursi; -114b Auctor: Es un caso análogo al contemplado en la nota anterior. Incurren en esta falta los que han oído criticar que se diga do`tor, afli`ción, condutor, etc.    

Bibliografía:
Recitada por Remigio Astorga (55a). Recogido entre 1900 y 1912. (Colec.: Vicuña Cifuentes, J.). Publicada en Vicuña Cifuentes 1912, nº 102 (A), pp. 265-273.