IGR: 0729. Versión: 1. Rima: é-a. Hemistiquios 63.
Ventosillos (ay. Villamanín, ant. Rodiezmo, p.j. León, ant. La Vecilla, comc. Los Argüellos, León, España)
Mañanitas de San Juan, mañanas claras, serenas,
cuando se van a bañar muchas damas y doncellas,
anda un moro por lugar que daba mucha moneda
a la que se qui(er)á vender a irse para su tierra.
Los padres de aquella niña cierto fue que la vendieran.
Y el moro se salió al campo por ver cuála dama era,
y las preguntó a las otras por doña Juana Vicenta.
Las otras se lo dijeron, como si tal cosa fuera:
Sabrás como te han vendido tus padres para pagar (una) cierta deuda.
Eso no lo creo yo, menos que de mi padre vea
una firma y una letra.
Echó mano a su bolsillo, sacó de su faldriquera
un papelillo bien chico y a la niña se lo entrega.
La niña, como es leída, desmayada cayó en tierra.
Ya la coge entre los brazos, n` el caballo la pusiera.
Siete leguas lleva andadas sin que la niña dé cuenta;
de las siete pa las ocho de esta manera dijera:
Por Dios, por Dios, el buen moro, por Dios y la Madalena,
me dejes descansar al pie de aquella arboleda.
El moro iba rendido y al punto se adormeciera,
le metió el puñal po`l pecho y a la espalda le saliera.
Montó en caballo del moro y volvió para su tierra.
Mató a su padre, a su madre, a una hermana muy pequeña,
también mató a un hermano que siete años ya no llega.
Montó en caballo del moro y echó a la puerta fuera.
En el medio la ciudad arman una pelotera,
ella mató al alcalde y el alcalde la mató a ella.
Estando pues una tarde haciendo oración por ella
viera venir un nublado de rayos y de centellas.
Todos salieron del templo por ver qué cosa era aquella.
Reconociéndolo dice: Soy la doña Juana Vicenta,
soy un alma condenada, no me consiente la tierra.