IGR: 0231. Versión: 50. Rima: ó+estróf.. Hemistiquios 96.
Valdavida (ay. Villaselán, p.j. Sahagún, comc. Riberas del Cea, León, España)
Mandaba el rey pregonar, mándale echar un pregón,
mandaba el rey pregonar de cada casa un varón.
¡Si te partieras, María, por medio del corazón!,
de tres hijas que has tenido, por medio ningún varón.
Se lo ha oido la pequeña, se lo ha oido la mayor,
se lo ha oido la de enmedio, peinándose estaba al sol.
Cálle usted, mi padre mío, no la eche gran maldición,
que, si no les ha tenido, no se los habrá dao Dios;
si se los hubiere dado, les criaría como a nos.
Cómpreme usted, padre mío, caballo con gran sillón,
yo me iré a vestir al rey en figura de varón.
No me avergüences tú, hijo, no me avergüences tú, no,
tienes los pechos muy grandes, no te dicen de varón.
Cómpreme usted, padre mío, calcetita de algodón,
yo me los apretaré por medio del corazón.
No me avergüences tú, hijo, no me avergüences tú, no,
tienes el pelo muy largo y te van a conocer.
Si tengo el pelo largo, padre, me lo cortaré
y después de bien cortado un varón pareceré.
¿Y a la puerta del buen rey cómo me he de llamar yo?
Oliveros, hija mía, hija del Conde Mayor;
y con el hijo del rey poquita conversación.
Ella, si bien se lo dijo, así mejor lo tomó;
con él come, con él bebe, con él duerme en el colchón.
Un día por la mañana, antes de salir el sol:
De amores me muero, padre, de amores me muero yo,
que Oliveros del Mar es hembra, que no es varón.
¿En qué la conoces, hijo, en qué la conoces, sol?
En el calzar el zapato y en abrochar el jubón,
y en el caer mucho los ojos, que los cae con dolor.
Convídala tú, hijo mío, a las plazas a comprar;
si Oliveros es mujer, cinta y galón comprará.
Ya la llevé, padre mío, a las plazas a comprar;
si los otros compran cintas, Oliveros un puñal.
Convídala tú, hijo mío, a los linos a estrozar.
Ya la llevé, padre mío, a los linos a estrozar;
si los otros estrozan linos, Oliveros mucho más.
Convídala tú, hijo mío, a los ríos a bañar;
si Oliveros es mujer, no se querrá desnudar.
Cuando los otros caminan, Oliveros da a llorar.
¿Por qué lloras, Oliveros, que no cesas de llorar?
Una carta que ha venido toda llena de pesar,
que mi padre ya se ha muerto y mi madre al expirar.
Se ha puesto un pie en la silla y se monta en su gavilán.
Detente, don Oliveros, que yo te pretendo ya,
que de tres hijos que tengo, con uno te has de casar.
No quiero hijos del rey ni su corona real,
mi padre es Conde Mayor, él me le sabrá buscar.