IGR: 0231. Versión: 46. Rima: ó+á. Hemistiquios 98.
Vierdes (ay. Oseja de Sajambre, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Sajambre, León, España)
¡No reventaras, María, al lado del corazón,
siete partos que tuviste, no tienes ningún varón!
Bien lo oía la pequeña, bien lo oía la mayor,
bien lo oía la mediana, que peinándose está al sol.
Calle, padre mío, calle, no diga tal maldición,
yo voy a servir al rey en figura de varón.
Tienes el pelo muy largo, no te dice de varón.
Yo lo cortaré, mi padre, en figura de varón,
para que no me conozca ninguno en el batallón.
Tienes los pechos muy grandes, no te dicen de varón.
Ya me los ajustaré al lado del corazón.
Tienes la color muy blanca, no te dice de varón,
Ya me pondré yo, mi padre, siempre a los rayos del sol,
que marche la color blanca y venga la de varón.
Si eso dices tú, mi hija, te echaré la bendición;
siete caballos que tengo escogerás el mejor.
El Pulido llevo, padre, que es el mejor andador.
Siete leguas fue con ella, muy bien que la aconsejó,
buenos consejos le daba y ella mejor los tomó.
Y a las puertas del rey, padre, ¿cómo me llamaré yo?
Oliveros, hija mía, que así me llamaba yo.
Pero un criado del rey muy pronto la conoció,
y a su amo le decía: Oliveros no es varón.
¿En qué la conoces, hijo, en qué la conoces, flor?
En calzar de su zapato y en poner de su jubón
y en poner de su sombrero, que lo pone con temor.
Tú la debes de llevar a las tiendas a mirar,
si Oliveros es mujer, las cintas irá a mirar.
Todos miraban las cintas, Oliveros un puñal.
La llevarás, el mi hijo, a la fábrica a mirar,
si Oliveros es mujer, la harina mirará.
Todos miraban la harina, Oliveros el molar.
La llevarás, el mi hijo, a los ríos a nadar,
si Oliveros es mujer, en la orilla parará.
Todos miraban la orilla y Oliveros a nadar.
La llevarás tú, mi hijo, por un río a pasar,
si Oliveros es mujer, del agua se temerá.
Todos se tiran al río y Oliveros a llorar.
¿Por qué lloras, Oliveros? ¡Por qué tengo de llorar!,
que he recibido una carta de la raya `e Portugal,
que mi padre ya había muerto y mi madre está al fina[r],
¿si usted me diera licencia para ir a verla enterrar?
La tu licencia, Oliveros, de tuya la tienes ya.
Quédese con Dios, buen rey, con su corona real
que siete años le he servido, doncella de Portugal,
y otros siete le sirviera, si no fuera al desnudar.
Por aquella cuesta arriba corre como un gavilán,
por aquella cuesta abajo no se podía divisar.
Tráigame la rueca, madre, que traigo ganas de hilar.