Doña Isabel Deogracias v2

IGR: 0249. Versión: 2. Rima: á-a. Hemistiquios 98.

Lerma (ay. Lerma, p.j. Lerma, Burgos, España)

¡Vámonos para Madrid    que dicen que hay lindas damas;
dicen que las hay bonitas,    bien vestidas y adornadas!
Vamos pa doña Isabel,    la doña Isabel Deo Gratias,
y su amante don Francisco    que habitaba en una casa.
Seis años lleva de amores,    en servirla y regalarla;
nunca pudo sacar de ella,    de su amor, una palabra.
Un día, al entrar de misa,    sola la ha encontrado en casa.
Buenos días, Isabel.    Bienvenido, camarada.
Si vienes por hacer burla,    de mí no has de sacar nada.
No vengo por hacer burla    ni quiera Dios que lo haga.
La ha agarrado de la mano,    pa la sala la llevaba;
delante de un crucifijo    le ha dado mano y palabra.
Le daba besos y abrazos,    pa la cama la llevaba.
Estando en esos deleites,    dormidita se quedaba.
Esto que vio don Francisco,    pegó un salto de la cama.
Adiós, adiós, Isabel,    adiós, Isabel Deo Gratias;
no me volverás a ver    en jamás de Dios la cara.
Salen sus padres de misa,    les cuenta lo que le pasa.
Su padre ha cogido un mimbre,    con ello la castigaba,
y su madre ha cogido otro    un poquito más delgada.
Se marcha en ca sus amigas,    les cuenta lo que le pasa.
Isabel, no eres mujer,    Isabel, no vales nada,
Isabel, no eres mujer    si de eso no te vengaras.
Vístete calzón de ante,    con tu media y media blanca,
y tu monterilla azul,    con los encajes de Francia,
y tu caballito moro,    te marchas para la playa.
Allí encuentras a don Francisco    hablando con ciertas damas.
Buenos días, don Francisco.    Bienvenidos, camaradas.
Desde Madrid he venido    guardándote las espaldas,
que me han dicho que has tenido    descensión con una dama.
Si quieres venir, vendrás    a la feria de Granada;
el coche tengo a la puerta,    las mulas enjerezadas,
Calle de los Herradores,    que llaman la Calle Larga.
Tuvo fortuna Isaber,    la luna le dio en la cara.
Tú eres la doña Isabel,    la doña Isabel Deo Gratias.
Yo soy la doña Isabel,    la doña Isabel Deo Gratias,
me quitastes el honor,    me dejastes afrentada.
Se ponen a pelear,    mano a mano, espada a espada.
Tuvo fortuna Isabel    de darle una puñalada
en el ladito derecho    que calaba a las espaldas.
Revolcándose en su sangre,    estas palabras hablaba:
¿Me perdonas, Isabel,    de la tu vida pasada?.
Sí te perdono, villano,    porque así mi Dios lo manda.
En mitad del caminito    con su padre se encontraba.
Aquel que manchó mi sangre,    tendido quedó en la playa,
que me le diga usté un bien    mañana por la mañana,
que me voy a meter monja    n`el convento`e Santa Clara,
que me voy a meter monja    y no quiero ser casada,
que una vez que quise serlo    no he quedado arregostada.

Bibliografía:
Recitada por Rosalía Maté (49a). Recogida por Manuel Manrique de Lara, 1918. (Archivo: AMP; Colec.: Manrique de Lara, M.). Publicada en IGR-vulgar 1999, pp. 132-134.