IGR: 0217. Versión: 29. Rima: í-a. Hemistiquios 94.
Villota del Duque (ay. Loma del Ucieza, p.j. Carrión de los Condes, ant. Saldaña, Palencia, España)
Oh, gran Dios omnipotente rey de la Norca Nurquía,
en ciudad de Barcelona un matrimonio vivía,
hombre rico y poderoso en la ciudad distinguida.
A este noble matrimonio ha dado Dios una hija
tan hermosa y tan bizarra en la ciudad distinguida.
La rondan dos mil galanes de noche, también de día;
entre tantos era don Juan era el que ella más quería.
Estando sola en su cuarto estando en su zolosía
entró el padre a visitarla y en alta voz la decía:
Si te casas con don Juan te tengo quitar la vida,
porque te tengo mandada a un Clavelín de Sevilla.
Pues haré su gusto, padre, ya que el mío no podía;
yo con él me casaré mas poco le gozaría.
Don Juan, que oyó la respuesta, para su casa volvía.
Mandó ensillar el caballo a un criado que tenía.
Ya se ha ausentado tres meses por si olvidarla podía;
de que olvidarla no puede para casa se volvía.
En el medio de la calle encontró una señorita.
Digame usted, señora, por quién trai esa divisa.
Por quien la traigo, D Juan, no reside en esta vida,
la traigo por mi cuñada doña Ángela Medina.
don Juan, que oyó la respuesta, esmayado se caía.
Luego que él volvió en sí con la color muy torcida
se fue a hacer oración al beato San Matías.
En una tumba muy alta, en una rica capilla,
hay muchas hachas de cera que muy bien le parecían.
Siete veces le rezaba un rosario que tenía;
los dieces eran de oro, para Ángela ofrecía.
Ya se marchaba la gente y el portero le decía:
Levanta, don Juan, levanta, levántate por tu vida.
No tengo de levantar hoy ni mañana en todo el día;
primero tengo de ver qué hay en esta losa fría.
La levantaron los dos en sin ninguna fatiga;
vieron que estaba la dama más hermosa que solía.
¡Ay, Ángela de mi vida, prenda y luz del alma mía!
¿Cómo no te despedistes de quien tanto te quería?
Echó mano a su cintura y un puñal que allí tenía,
se quiso matar con ella por hacerla compañia.
La Virgen le quitó el brazo y estas palabras decía:
Detente, don Juan, detente, detente ya, por tu vida.
Doña Ángela de Ribera contigo se casaría;
al otro primer marido a pleito se lo pondrías.
Echarás el pleito a Roma y sentenciado vendría,
que se case con don Juan que la tiene merecida,
que la sacó de la tierra cuarenta días hacía.
Os daré vida siete años, os se ha de hacer un día,
al cabo de los siete años vendréis en mi compañía.