Diego León v1

IGR: 0163. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 85.

Soutelo (parr. Piquín, ay. Ribeira de Piquín, ant. Meira, p.j. Fonsagrada, Lugo, España)

En la ciudad de Madrid,    junto a los caños del agua,
vevía un bizarro mozo,    Diego León se llamaba.
Ese tal se enamoró,    ese tal se enamorara,
ese tal se enamoró    de una muy hermosa dama.
Un día, indo de paseo,    dijo el galán a la dama:
Yo te pediré a tu padre,    si fuera cosa acertada.
Pídeme, Diego León,    que `o empeñaré mi palabra.
Un día, indo de paseo,    con don Pedro encontrara,
para hablarle de secreto    por la capa le tiraba.
Véñole ver, ay don Pedro,    si me da su hija Juana.
Mi hija es muy chiquilla    y no pretendo el casarla,
pero aunque lo pretendiera    para ti no sería nada.
El que ha de casar con mi hija    ha de pretender que traiga
cien onzas en el bolsillo    y otras cien en oro y plata,
y otras cien que yo he de dar    y lo que aquí no se habla.
Don Diego se retiró    muy triste para su casa,
y don Pedro pa(ra) la suya    a contarlo a su hija Juana.
Esta tarde, ay mi hija,    Diego León te buscaba,
y el que ha de casar contigo    has de pretender que traiga
cien onzas en el bolsillo    y otras cien en oro y plata,
y otras cien que o he de dar    y lo que aquí no se habla.
Cáseme con él, mi padre,    aunque nunca me día nada,
aunque es menor en bienes,    en sangre lleva ventaja.
Su padre, desque esto oyó,    la encerrara en una sala,
donde no vía sol ni luna    sino por una ventana,
donde iba Diego León    todas las noches rondarla.
Su padre, desque esto supo,    cuatro primos avisara.
De los cuatro, mató tres,    y uno que se le escapara.
Desque vio tres muertes hechas    se marchó para Granada,
y allí se estuvo siete años    sin volver para su casa.
Al cabo de los siete años    volviera para su casa,
preguntándole a su madre    
la dama que él pretendía    si era muerta o casada.
La dama que tú pretendes    en espera tuya estaba.
Se fue por la calle arriba    adonde estaba la dama;
cogiera tres pedranguitas,    tenor de tres avellanas;
la más chiquitilla de ellas    la arrojara a la ventana.
Ande usted para adelante    que yo no me acuerdo de nada
sino de Diego León,    que ese le tengo en el alma.
Diego León soy, mi vida,    Diego León soy, mi alma.
Se vistiera y se calzara,    
y a la calle se saliera;    con Diego León se abraza.
Se casaron los dos juntos    porque así Dios lo mandara.

Bibliografía:
Recitada por María Antonia Álvarez (45a). Recogida por Aníbal Otero Álvarez, 1928 (fecha deducida) (Archivo: AMP; Colec.: Otero, A. (M. Goyri-R. Menéndez Pidal)). Publicada en RT-Galicia 1998, pp. 372-373.