IGR: 0212. Versión: 49. Rima: í-a. Hemistiquios 92.
Serandinas (ay. Boal, p.j. Luarca, ant. Castropol, Asturias, España)
El buen rey tenía una hija, las cosas que más quería,
tres rosarios tiene de oro, todos tres los reza al día;
uno por la mañana, otro reza al mediodía,
otro a la medianoche mientras el rey su padre dormía.
Una vez estando rezando llegó la Virgen María.
¿Qué haces ahí, mi devota, qué haces ahí, devota mía?
Estoy rezando el rosarioa la sagrada María.
Reza, mi devota, reza, que yo te lo ofrecería,
que hoy te tengo de llevar antes que amanezca el día.
Eso sí que no, señora, eso sí que no lo haría,
sin yo pedir el permiso a un rey padre que tenía.
Pues vete pedir el permiso al rey padre que tenías.
Se fuera de cuarto en cuarto
hasta que llegara a la sala donde su padre dormía.
Despierte, mi padre, despierte, llámolo con cortesía,
que dentro de los sus palacios anda la Virgen María,
que dice me ha de llevar antes que amanezca el día.
Eso sí que no, hija mía, eso sí que no se haría,
por cuanto en el mundo habría.
Las riquezas y las rentas, sin ti, ¿para quién serían?
Bastantes pobres nel mundo hay que ellos bien las desearían,
las riquezas de este mundo yo nunca las querería.
Y tus primos cuando vengan, hija mía, ¿qué les diría?
Dígales una mentira, que bien poco importaría,
dígales que voy en palacios a visitar una tía.
Pues vete, mi fija, vete, con bendición tuya y mía,
que esa mujer que te lleva cuenta de ti me daría.
Cogiérala de la mano,
llevárala por los montes los más desiertos que había,
donde canta la culebra, responde la serpentina.
Aquí te has quedar siete años, siete años y más un día,
comiendo de esta herba verde, bebiendo de esta agua fría,
y al cabo de los siete años yo por aquí volvería.
Y al cabo de los siete años vino la Virgen María.
¿Qué hace ahí, la mi devota, qué haces ahí, devota mía?
Estoy rezando el rosario a la sagrada María.
Reza, mi devota, reza, que yo te lo tomaría;
hoy se cumplen los siete años, mañana se cumple el día.
¿Quién te acompañó, mi devota?
Nadie más que un pajarito que de comer me traía.
Si quieres subir al cielo la mano te apurriría;
si quieres meterte monja, convento yo te daría;
si quieres ser casadita yo novio te buscaría.
Monja, monja sí, señora, siempre fuera intención mía;
monja, monja sí, señora, vicios de hombres no quería.
El sábado metióse monja, el domingo se moría.
Las campanas en el cielo ellas solas se tanguían.
Cuerpo santo, cuerpo santo, ¿ay mi Dios, dónde sería?
si sería la hija del rey, mi Dios, que no parecía.
¡Esa señora me valga, ay, la sagrada María!