IGR: 0075. Versión: 25. Rima: á-a. Hemistiquios 94.
Villarino del Sil (ay. Palacios del Sil, p.j. Ponferrada, ant. Murias de Paredes, comc. Ribas del Sil, León, España)
El rey tenía tres hijas, Delgadina más estimada.
Y un día comiendo a la mesa su padre la remiraba.
Delgadina se fijó que su padre la miraba.
¿Por qué me mira, padre mío, por qué tanto me repara?
Te miro porque vas a ser mi enamorada.
Eso no lo quiero yo ni la Virgen soberana.
Alto, alto mis criados, y a Delgadina encerradla.
De siete en siete días subirle carne salada;
de quince en quince días subidle una jarra de agua.
Delgadina, con la sed, se asomaba a una ventana,
vio a sus hermanitas con peine de oro peinadas.
Hermanitas de mi vida, hermanitas de mi alma,
por la Virgen soberana, subidme una jarra de agua.
No te la subimos, Delgadina, no te la subimos, malvada,
por culpa de tu hermosura está mamá mal estimada;
ni come con papá a mesa ni duerme con él en cama,
no tiene más libertad de la cocina a la [sala].
Delgadina, con la sed, se asomara a otra ventana,
vio estar a sus hermanos jugando a las espadas.
Hermanitos de mi vida, hermanitos de mi alma,
por la Virgen soberana, subidme una jarra de agua.
No te la subimos, Delgadina, no te la subimos, malvada,
por culpa de tu hermosura está mamá mal estimada;
ni come con él a mesa ni duerme con él en cama,
no tiene más libertad que de la cocina a la sala.
Delgadina, con la sed, se asomó a otra ventana.
Mamacita de mi vida, mamacita de mi alma,
por la Virgen soberana, súbame una jarra de agua.
No te la subo, Delgadina, no te la subo, malvada,
que por culpa de tu hermosura estoy yo mal estimada;
ni como con él a mesa ni duermo con él en cama,
no tengo más libertad que de la cocina a la sala.
Delgadina, con la sed, se asomara a otra ventana,
vio estar a su padre en sillón de oro sentado.
Papacito de mi vida, papacito de mi alma,
por la Virgen soberana, súbame una jarra de agua.
No te la subiré de agua, de vino te la llevaría
aun cuanto que no cumplieras con tu divina palabra.
Seis criados mandó por vino y otros seis mandó por agua,
el primero que allegara cien mil duros le daba.
Por muy pronto que allegó el vino, más pronto ha llegado el agua;
cuando el agua ha llegado, Delgadina ya finara.
Las campanas del palacio ellas solas se tocaban.
¿Quién murió, quién no murió? Delgadina muerta estaba.
La cama de Delgadina rodeada de ángeles estaba,
la sala de Delgadina llena de luces estaba,
la cama de su madre una serpiente rodeada.