IGR: 0075. Versión: 147. Rima: á-a. Hemistiquios 46.
Rancho de Taos (New Mexico, EEUU)
Delgadina se paseaba en su sala bien cuadrada,
con su manto de hilo de oro, que en su pecho brillaba.
Levántate, Delgadina, ponte tu vestido de seda
para llevarte a la misa a la ciudad de Morelia.
Cuando salieron de misa, su papá la platicaba:
Delgadina, hija querida, yo te quiero para dama.
Ni lo permita mi Dios ni la reina soberana;
son ofensas para Dios, traiciones para mi máma.
Arriba mis once criados, encierren a Delgadina
en los cuartos más oscuros donde se oiga más ladina,
con sus candaditos de oro y sus llavitas muy finas.
Mamacita de mi vida, un favor te estoy pidiendo:
regálame un vaso de agua que de sed me estoy muriendo.
Delgadina, hija querida, no te regalamos nada
porque no quisiste hacer lo que tu padre mandaba.
Mamacita de mi vida, ¿cómo querías que lo hiciera,
cómo querías que lo hiciera si de amores me trataba?
Arriba mis once criados, llévenle agua a Delgadina;
unos en vasitos de oro y otros en cristal de China.
Cuando la llevaron el agua Delgadina estaba muerta,
con sus ojito cerrados y la boca seca, seca.
Delgadina está en el cielo dándole cuenta a Dios,
su padre de Delgadina está con el diablo mayor.