IGR: 0075. Versión: 13. Rima: á-a. Hemistiquios 55.
Navares de Enmedio (ay. Navares de Enmedio, p.j. Sepúlveda, Segovia, España)
Un rey tenía tres hijas, todas tres como una plata,
y una de las más pequeñas Delgadina se llamaba.
Un día estando comiendo y su padre la miraba.
¿Qué me mira usted a mí, padre, qué me mira tal mirada?
Qué te voy a mirar, hija, que has de ser mi enamorada.
No lo querrá Dios del cielo, ni la Virgen soberana–.
Su padre, de que oyó eso, en un cuarto la encerraba,
en el cuarto más oscuro que en su casa encontraba.
Pasó por allí la Virgen, la hizo cuatro ventanas.
Da la vuelta al corredor, se ha asoma a la una ventana
donde estaba su madre, sentada en silla de plata.
Madrecita, pues lo es, por Dios una jarra de agua,
que traigo el alma en un hilo y la vida se me acaba.
No lo querrá el Dios del cielo, ni la Virgen soberana,
porque si el rey padre lo supiera, la cabeza me cortara–.
Da la vuelta al corredor, se asoma a la otra ventana
donde estaban sus hermanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
(Que tampoco se la dieron)
porque si el rey padre lo supiera, también les mataba.
Da la vuelta al corredor, se asoma a la otra ventana
donde estaba su padre, que en juego de barra estaba.
Padrecito pues lo es, por Dios, una jarra de agua
que traigo el alma en un hilo y la vida se me acaba.
No lo querrá el Dios del cielo, ni la Virgen soberana,
si supiera que te morías, todos agua te llevaran.
Ya se muere Delgadina, todos agua la llevaban;
unos en jarras de oro y otros en jarras de plata.
La cama de Delgadina de ángeles está rodeada
y la cama de sus padres una serpiente enroscada.