IGR: 0075. Versión: 116. Rima: á-a. Hemistiquios 72.
Cangas de Tineo (ay. Cangas de Narcea, ant. Cangas de Tineo, p.j. Cangas de Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)
El rey tenía tres hijas todas tres como una grana.
Una se llamaba Rosa y otra se llamaba Juana,
la más chiquitina dellas Delgadina se llamaba.
Un día por la mañana su padre la reparaba.
Delgadina con gran sed tú has de ser mi enamorada.
No lo quiera el rey del cielo, no la Virgen soberana,
que había de ser mi novio el padre que me engendrara.
Su padre que ha visto esto en un cuarto la encierrara
donde no había sol ni luna ni quien por la calle pasa.
Si vos pide de comer darle cecina salada,
si vos pide de beber darle agua de naranja.
Al cabo de los siete años se asomó a una ventana,
viera a su madre sentada en una silla de plata:
Madre mía, si lo es, déame una sede de agua,
que el alma traigo en los dientes y el corazón se me arranca.
Quita de ahí perra traidora quita de ahí perra malvada;
va siete años para ocho que por ti estoy mal casada.
Delgadina con la sede se asomó a otra ventana,
viera estar sus hermanas bordando paños de Holanda.
Hermanitas de mi vida, hermanitas de mi alma,
el alma traigo en los labios y el corazón se me arranca.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿Dareisme una sede de agua?
Quita de ahí, perra traidora, quita de ahí, perra malvada;
va siete años para ocho que está madre mal casada.
Delgadina con gran sede se asomaba a otra ventana;
vio estar el rey su padre n`el campo jugando a la barra:
Padre mío de mi vida, padre mío de mi alma,
el alma traigo en los dientes y el corazón se me arranca;
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . deme usté una sede de agua.
Sí te la diera, mi hija, si me cumples la palabra.
Si la cumpliré mi padre aunque sea de mala gana.
Siete criados que tenía todos los mandó por agua,
unos en jarritas de oro y otros en jarras de plata.
El que más aprisa venga con Delgadina casaba.
Por aprisa que vinieron Delgadina se finaba.
La cama de Delgadina había una fuente muy clara;
la cama del rey su padre arrodeada de demonios estaba.
¡Válgame Nuestra Señora, válgame la Soberana!