IGR: 0075. Versión: 111. Rima: á-a. Hemistiquios 46.
Cabanín (parr. Barcia, ay. Valdés, p.j. Luarca, Asturias, España)
El buen Rey tenía tres hijas todas tres como la plata;
se enamoró de Delgadina, en un cuarto la encerrara.
No le daba de comer sino sardina salada;
no le daba de beber el casco de una avellana.
De tanta sed que tenía se asomó a una ventana:
Mi madre, con ser mi madre, ¿no me da una sede de agua?
No no te la doy, mi hija, yo no te la doy, malvada,
de siete años van pa ocho que por ti estoy mal casada.
De tanta sed que tenía se asomó a otra ventana
y bien vio las sus hermanas entre sillones de plata:
Mi hermana, con ser mi hermana, ¿no me das una sed de agua?
No te la puedo dar . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
que si mi padre lo sabe la vida tengo jugada.
De tanta sed que tenía se asomó a otra ventana
y bien viera a su padre con otros grandes de España:
Mi padre, con ser mi padre, ¿me das una sed de agua?
Yo te la daré, mi hija, si cumplieras la palabra.
La palabra cumpliréla aunque de muy mala gana.
Siete criaos que tenía todos los mandó por agua,
unos con jarros de oro y otros con jarros de plata.
El primero que llegara una onza tenía ganada
Cuando a sus pies se llegaron Delgadina ya finara.
Como una paloma al cielo al cielo subía y volaba;
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . de ángeles rodeada.