Delgadina v111

IGR: 0075. Versión: 111. Rima: á-a. Hemistiquios 46.

Cabanín (parr. Barcia, ay. Valdés, p.j. Luarca, Asturias, España)

El buen Rey tenía tres hijas    todas tres como la plata;
se enamoró de Delgadina,    en un cuarto la encerrara.
No le daba de comer    sino sardina salada;
no le daba de beber    el casco de una avellana.
De tanta sed que tenía    se asomó a una ventana:
Mi madre, con ser mi madre,    ¿no me da una sede de agua?
No no te la doy, mi hija,    yo no te la doy, malvada,
de siete años van pa ocho    que por ti estoy mal casada.
De tanta sed que tenía    se asomó a otra ventana
y bien vio las sus hermanas    entre sillones de plata:
Mi hermana, con ser mi hermana,    ¿no me das una sed de agua?
No te la puedo dar    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
que si mi padre lo sabe    la vida tengo jugada.
De tanta sed que tenía    se asomó a otra ventana
y bien viera a su padre    con otros grandes de España:
Mi padre, con ser mi padre,    ¿me das una sed de agua?
Yo te la daré, mi hija,    si cumplieras la palabra.
La palabra cumpliréla    aunque de muy mala gana.
Siete criaos que tenía    todos los mandó por agua,
unos con jarros de oro    y otros con jarros de plata.
El primero que llegara    una onza tenía ganada
Cuando a sus pies se llegaron    Delgadina ya finara.
Como una paloma al cielo    al cielo subía y volaba;
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    de ángeles rodeada.

Bibliografía:
Recitada por Dolores Gayo, "La ciega". Recogida por Casimiro Cienfuegos, 1920. (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en Gutiérrez Estévez 1981, II, p. 38 [00047 ] (Tesis doctoral).