IGR: 2098. Versión: 1. Rima: é-a. Hemistiquios 72.
España
¿De cuándo acá tantos fieros, señora Zaida la bella?
¿qué confesión revelé para tanta penitencia?
Agradézcame que callo las cosas que son de veras,
que lo que díxe no importa que se sepa, o no se sepa.
Quien le notó aquella carta, que según es de discreta,
el que no la conociere habrá de culpar mi lengua;
oh, qué bien su cuento sabe, a fe que es buena la treta.
de reñirme y alabarme porque mucho más lo sienta.
Como barbero me halaga para descubrir la vena
y a vuelta de sus blanduras mete lu aguda lanceta.
¿No sabe que me parece en las cosas que me veda?
¿Qué le truxe yo la mano cuando formaba las letras?
Porque a fe de noble moro que todo cuanto me ruega,
lo pensaba hacer sin falta aunque no me lo pidiera.
Este sí que es puro amor nacido de entrañas buenas,
pues a dos cuerpos tan grandes una voluntad gobierna.
Diga cuál llama su calle, para no pasar por ella,
que como es cantón su casa a dos calles señorea.
Yo no quiero tener pleitos que gusto de obedecerla,
mas no quiero que sean dos pues una sola me niega.
Mándame que a sus cautivas ni las hable, ni las vea,
y tan de veras lo pide como si alguna tuviera.
Porque en su casa cristianas imposible será haberlas,
pues su buen exemplo basta para que ni aun lo merezcan.
Dice que las damas hacen banquetes, pero que advierta
que han de comer y callar los que a la mesa se asientan.
Si algún banquete me hizo busque quien se lo agradezca,
pues comida de uno solo servía para cincuenta.
Ni son banquetes costosos los que las damas ordenan,
pues favores, cuando mucho, son los platos de sus mesas.
Y es plato el de los favores que a uno solo bien sustenta,
mas si muchos comen de él ni les hace, ni les presta.
Y cierto, señora Zaida, que de hacer esto me pesa,
que no es de mi condición descubrir faltas agenos.
Mas razón, cólera y celos, tres oidores de mi audiencia,
siendo razón presidente, firmaron esta sentencia.