Cura sacrílego v9

IGR: 0083. Versión: 9. Rima: ó. Hemistiquios 90.

Gajano (ay. Marina de Cudeyo, p.j. Trasmiera, ant. Santoña, Santander, España)

Un cura que dice misa,    de las ánimas pastor,
se enamoró de una niña    desde que la bautizó.
Mientras sus padres vivieron    no la pudo lograr, no,
hasta los siete años    que huérfana se quedó.
Un día de Navidad    se salió a peinar al sol
con un peinecito de oro    que de plata no le halló.
Pasó por allí el mal cura,    pasó por allí el traidor.
Dame de tu amor, Pepita,    de tu pechito una flor.
La niña, como era humilde,    no le supo decir no.
La ha cogido por un brazo    y a su casa la llevó.
La encerró en un aposento    el más oscuro que halló;
allí la tuvo siete años    sin darla luna ni sol,
allí la decía misa    y la daba comunión,
la perdonaba pecados,    los que no perdona Dios.
Un día de Jueves Santo    se durmió con el traidor
y a eso de la medianoche    la mano al rostro la echó
y otro día a la mañana    muerta fría la encontró.
Vecinos, los mis vecinos,    decíoslo quería yo:
los que me debéis dinero    ya os lo perdono yo,
los que no me lo debéis    dároslo quería yo;
sacad este cuerpo a misa    que en mi casa falleció,
no digáis dónde ha salido    ni tampoco ónde murió,
hacedle la sepultura    juntito al altar mayor.
Y otro día a la mañana    el mal cura madrugó
a decir la misa al alma    del difunto que murió.
Siete veces ha empezado    y ninguna concluyó.
Detente, cura, detente,    detente, cura traidor,
que no puedes decir misa    ni recibir al Señor.
Y otro día a la mañana    el mal cura madrugó,
aparejó su caballo    y a Roma se encaminó,
y a la mitad del camino    con un fraile se encontró;
le ha echado tres penitencias,    una grave, otras dos no:
una, que barra las calles    desde Madrid a León.
Esa no es mucho, mi vida,    esa no es mucho, mi amor,
esa no es mucho, mi vida,    para lo que merezco yo.
Si esa te se hace chica    yo te echaré otra mayor:
que tengas un cirio ardiendo    mientras la misa mayor.
Eso no es mucho, mi vida,    eso no es mucho, mi amor,
eso no es mucho, mi vida,    para lo que merezco yo.
Si esa te se hace chica    yo te echaré otra mayor:
que te metas en un horno    cuando esté al mayor ardor.
El cura que lo iba a hacer    cuando un voz del Señor
se oyó del cielo diciendo:    Detente, cura traidor,
detente, cura, detente,    detente, cura traidor,
que ya puedes decir misa    y recibir al Señor.

Bibliografía:
Recitada por Agustina Gutiérrez (14a). Recogida por José Ramón Lomba y Pedraja, 1906. (Archivo: AMP). Publicada en IGR-vulgar 1999, pp. 394-395.