IGR: 0083. Versión: 8. Rima: ó. Hemistiquios 64.
Cerdeira (parr. Logares, ay. Fonsagrada, p.j. Fonsagrada, Lugo, España)
El cura de San Francisco, de las ánimas traidor,
se enamoró de una niña desde que la bautizó.
Mientras sus padres vivieron no la pudo lograr, no,
desque sus padres murieron, ella huelfita quedó.
El día de San Francisco se salió peinar al sol,
con peine de oro en la mano, que de plata no lo halló.
Vino por allí el mal cura, vino por allí el traidor.
Dame la mano, Piepita, Piepita, dame tu amor.
Y ella, como era joven, no le quiso decir no.
La cogiera por la mano y a su casa la llevó;
la encerró en un cuarto escuro y el más escuro que halló,
donde le decía misa y le daba comunión.
Y allá por la medianoche y el mal cura recordó;
tres veces llamó «Piepita», Piepita no despertó.
Le echara una mano al cuello, muerta y fría la encontró.
Vecinos los más cercanos y amigos que tengo yo,
sacaime este cuerpo de casa que en mi cama falleció;
no digáis de qué manera ni de qué mal se murió.
Y al domingo por la mañana decir misa se marchó,
y en el medio de la misa una voz del cielo oyó:
¡Sácate de ahí, mal cura, sácate de ahí, traidor!,
no vales pra decir misa ni para servir a Dios.
Y al lunes por la mañana para Roma caminó;
y en el medio del camino un pastorcillo encontró.
¿Pra dónde vas, ay mal cura, pra dónde vas, ay traidor?
Yo camino para Roma y a usted le pido perdón.
Y el pastor, como era joven, tres penitencias le dio:
una de barrer las calles, Cataluña y Aragón.
Eso es poco, ay padre mío, a lo que merezco yo.
Cómprate un velón de cera y métete pabilón.
Eso es poco, ay padre mío, a lo que merezco yo.
Métete en un horno ardiendo. Y al momento se murió.