IGR: 0083. Versión: 3. Rima: ó. Hemistiquios 52.
Urueñas (ay. Urueñas, p.j. Sepúlveda, Segovia, España)
Un cura diciendo misa, de las ánimas pastor,
se enamoró de una niña desde que la bautizó.
Mientras sus padres vivieron no se pudo gozar, no;
de que sus padres murieron huerfanita se quedó,
a eso de los quince años huerfanita se quedó.
Estando un día painándose, painándose hacia el sol,
con paines de plata fina porque de oro no le halló,
pasó por allá aquel cura, pasó por allí el traidor;
la ha cogido de la mano y a su casa la llevó.
Allí la decía misa y la dio la comunión.
A eso de la medianoche muertecita se la halló.
Vecinos, más que vecinos, vecinos de aquí alredor,
el que me pida dinero, dinero le daré yo,
por que me saquen un cuerpo que en mi casa falleció.
Vecinos, más que vecinos, vecinos de aquí alredor,
el que me deba dinero, dinero le daré yo,
por que me saquen un cuerpo que en mi casa falleció.
Al otro día domingo a decir misa (se) marchó,
a eso de la media misa una voz del cielo oyó:
«Detente, cura malvado, detente, cura traidor,
que no puedes decir misa, ni tomar la comunión».
El cura, de que oyó eso, para Roma se marchó.
Tres penitencias le han dado, la una mala y la otra peor;
la una que barra las calles desde Sevilla a León,
la otra se meta en un horno cuando tenga más calor,
la otra se meta en un cirio y sirva de pabilón.
Poca penitencia es ésta pa la que merezco yo.