IGR: 0083. Versión: 1. Rima: ó. Hemistiquios 68.
Cantalejo (ay. Cantalejo, p.j. Sepúlveda, Segovia, España)
Un cura decía misa de las ánimas traidor.
Se enamoró de una niña desde que la bautizó.
En lo que sus padres vivieron de la niña no logró.
Ya se murieron sus padres, huerfanita se quedó.
Un día estando entre misa salió a peinarse al sol,
sacaba peines de oro, de plata no los halló.
Pasó por allí el buen cura, pasó aquel falso traidor.
Dame de tu amor, Pepita, dame de tu amor, por Dios.
La niña, como joven, no se atrevió a decir no.
La ha llevado pa su casa, en un cuarto la metió;
allí la dijo la misa, allí la dio comunión;
la perdonó los pecados, los que no perdona Dios.
A eso de la medianoche, cuando el cura despertó
al ver que dijo «Pepita», ninguno le contestó;
la ha echado mano a la cara, muerta y fría la encontró.
Vecinos, los mis vecinos, los que más quería yo,
sacad este alma de aquí que en mi casa falleció.
Los que me debéis dinero, ya se lo perdono yo;
los que no me lo debéis, ya se lo daría yo.
Al otro día mañana, fue a decir misa el traidor,
al decir «Señor, pequé» una voz del cielo oyó:
«Detente, cura, detente, detente, falso traidor,
que no puedes decir misa ni celebrar al Señor».
Se ha marchado caminando, para Roma se marchó;
en el medio del camino a un capuchino encontró.
Mandó que le confesara aquel cura, aquel traidor.
Le ha echado tres penitencias, de las cuales, la mayor:
Que hagas un cirio de cera que sirva de pabellón.
Esa es poca penitencia. Yo te daré otra mayor,
que te metas en un horno cuando esté en mayor ardor.
Esa sí que es penitencia para lo que he hecho yo.
Estándose desnudando una voz del cielo oyó:
«Detente, cura, detente, detente, falso traidor,
que ya puedes decir misa y celebrar al Señor».