IGR: 0187. Versión: 4. Rima: quintillas. Hemistiquios 59.
Barrax (ay. Barrax, p.j. Albacete, Albacete, España)
Un viernes, que el Redentor
a Samaria caminaba,
fatigado del calor
por descansar se sentaba
junto al pozo de Jacob;
en aquel sitio esperaba,
lleno de muy gran amor,
a un alma que caminaba
lejos de su salvación.
A la mesma que esperaba,
con gran anhelo y cuidado,
vido que al pozo llegaba,
con un cántaro en el lado,
que por agua caminaba;
y ya que llenado había
el cántaro, diligente
a la ciudad se volvía.
Y el señor omnipotente
de esta suerte le decía:
Samaritana, te ruego
que el cántaro quieras darme
para beber agua y luego
a otra mayor importante,
que ésta yo te daré el premio.
El agua que te imprometo
es tan dulce y olorosa
que en bebiéndola, es muy cierto,
jamás quedarás ansiosa
de beber en ningún tiempo.
Supuesto me has prometido
darme esa agua tan preciosa.
El Señor le ha respondido:
Si estás de beber ansiosa,
ves y llama a tu marido.
Entonces, algo turbada,
conociendo su pecado,
respondió: –No soy casada.
El Señor, con grande agrado,
esta respuesta le daba:
Dime, mujer, pues que ignoras
lo que tan público está,
esos siete que te adoran
que están dando en la ciudad
escándalo a todas horas,
ese cántaro es cubrior,
encubra tu gran maldad.
Deja ese camino errado
y, si te quieres salvar,
llora y gime tu pecado.
Oh, Mesías verdadero,
conozco vuestra grandeza,
llorar mis pecados quiero;
pues los confieso y me pesa,
de vos el perdón espero.
Luego el cántaro quebró
y por la ciudad se entraba
y a todos los convirtió
con la doctrina que daba,
y santamente acabó.