IGR: 0049. Versión: 391. Rima: á. Hemistiquios 48.
Yesa (ay. Yesa, p.j. Yesa, Navarra, España)
Paseaba el vizconde la mañana de San Juan
a dar agua a su caballo a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe el vizconde echó a cantar,
toda la gente que pasa, toda se queda a escuchar;
y la reina en su palacio también se queda a escuchar.
Mira, hija, qué bien canta la sirenita del mar.
Madre mía, no es sirena, ni tampoco lo será,
que es el hijo del vizconde con quien yo me he de casar.
Hija, si yo supiera eso, lo mandaría matar.
Madre mía, no lo mates que yo moriré detrás.
Traen guardias del palacio y también de la ciudad
y a Marcelino el vizconde tres puñaladas le dan
y otras tres a su caballo en las orillas del mar.
Pasa un día, pasan dos, y la infanta enferma está,
pasan tres y pasan cuatro, y la infanta muere ya,
pasan cinco y pasan seis, y la llevan a enterrar.
Como era hija de la reina, la entierran ante un altar
y a Marcelino, el vizconde, un poquito más atrás.
Allí se formó una iglesia, allí van todos a curar,
allí van cojos y mancos y tuertos también van;
la reina, como era tuerta, ahí va a curar.
Iglesita, si me curas, te mandaré a fundar.
Retira de ahí, reina mala, retira de ante este altar.