IGR: 0049. Versión: 389. Rima: á. Hemistiquios 32.
Pamplona (ay. Pamplona, p.j. Pamplona, Navarra, España)
Estaba don Fernandito a las orillas del mar
dándole agua a su caballo y al tiempo a echar un cantar,
La reina le estaba oyendo desde su palacio real.
Madre, esa no es la serena, no lo ha sido, ni será,
que es ese don Fernandito que a mí me viene a buscar.
Hija, si a ti te busca, lo mandaremos matar.
Madre, si a él lo matan, a mí me han de degoliar.
Al otro día siguiente los llevaban a enterrar;
a ella, como hija de reina, la ponen en el altar
y a él, como hijo de conde, un poquito más atrás
donde se curan los males, los males que Dios nos da.
La reina, que supo eso, un dedo se fue a curar.
No te cures, reina mía, no te cures, reina, no,
que antes como éramos hombres nos mandasteis degollar,
ya ahora como somos santos nos venéis a visitar.