IGR: 0049. Versión: 166. Rima: á. Hemistiquios 66.
Santa Marta de Tera (ay. Camarzana de Tera, p.j. Benavente, Zamora, España)
Madrugaba conde Lino mañanita de San Juan
a dar agua a su caballo a las orillas del mar.
Mientras su caballo bebe conde Lino echa un cantar,
Camisa, la mi camisa, ¿quién te pudiera lavar?,
te lavaré y torceré y te tenderé en la rosal.
La reina le está escuchando desde su palacio real.
Mira, hija, cómo canta la serenita en la mar.
No es la serenita, madre, no es la serenita tal,
que es el hijo conde Lino que por mis amores va.
Si es el hijo conde Lino, yo le mandaré matar.
No le matará usted, madre, no le matará usted tal,
que el día que a él le matan a mí me van a enterrar.
Y otro día de mañana ya los iban a enterrar.
Ella se murió a las once y él a los gallos cantar;
ella, como hija de reina, la entierran al pie l` altar
y él, como hijo de conde, un poquito más atrás.
Ella se volvió una rosa y él se volvió una rosal;
la reina, como es celosa, los ha mandado cortar
y el hombre que los cortaba no cesaba de llorar.
¿Cómo voy a cortar yo a quien no me ha hecho mal?
Ella se volvió paloma y él se volvió un pichón real;
la paloma más ligera de un vuelo pasó la mar,
el gavilán más pesado de dos lo vino a pasar.
La reina, como es celosa, los ha mandado matar
y el hombre que los mataba no cesaba de llorar.
¿Cómo voy a matar yo a quien no me ha hecho mal?
Ella se volvió una ermita y él se volvió rico altar
y en el medio de la ermita una fuente perenal
donde los cojos y mancos todos se iban a curar.
Sucedió de que la reina de un ojo vino a cegar.
Por Dios te pido, hija mía, de que me dejes lavar.
Ya que por Dios me lo pide un ojo le lavará
por la leche que me dio del otro no verá más.