IGR: 0366. Versión: 4. Rima: á. Hemistiquios 106.
Goia (parr. Fisteus, ay. Quiroga, p.j. Monforte de Lemos, ant. Quiroga, Lugo, España)
A la medianoche y guila, los gallos quieren cantar,
Carlos, el amor que tiene, no lo puede sosegar.
Salen niñas y doncellas, aos balcones mirar,
salió la hija del rey, hija de su majestad.
¡Qué cuerpo llevas, don Carlos, para con el moro pelear!
También lo llevo, señora, para con usted hablar.
Él ya tira de capote, la niña con su sayal.
Estando en estas razones, un hombre vieron pasar.
Por Dios le pido, buen hombre, por Dios y su caridad,
que cosa que de mí viera al rey no se la ha de contar.
Tengo juramento hecho a la Virgen del Pilar,
que cosa que de ti viera al rey se la he de contar.
Nuevas le traigo, buen rey, nuevas de su queridá,
que su hija la Lanzuca con Carlos la vi quedar.
Prender(os) a este hombre, prender, ya que no cuenta verdad.
Si no me lo cree, buen rey, a los nueve meses lo verá.
La encierran en una sala donde no ve claridad;
[u]no[s] le llevaban agua y otros le llevaban pan,
otros le llevaban nuevas de que la querían matar.
No se me da que me quemen ni que dejen de quemarme,
se me da por una cosa que es de mi sangre real.
¡Quién me diera un pajarito que algún día le di pan!
¿Qué quería usted, señora, qué quería usted mandar?
Me ha de llevar esta carta a Carlos de Montealbar;
si lo encuentras jugando, no lo dejes sosegar,
si lo encuentras comiendo, dejará[s]lo terminar.
Cuando el pájaro llegara, Carlos de la misa sale.
Nuevas le traigo, don Carlos, nuevas de grande pesar.
¿Qué nuevas me traerás, que a mí me dían pesar?
¿O me roban el castillo o me queman la ciudad?
Ni le roban el castillo ni le queman la ciudad,
que su amiga la Lanzuca a fuego la van quemar.
No se me da que la quemen, que ni dejen de quemar,
se me da por una cosa que es de mi sangre real.
Se quita traje de seda, se viste de cardenal;
se fue a la cuadra donde su caballo está.
Caballo mío, caballo, Dios te libre de algún mal,
jornada de quince días en hora y media le has de andar.
Cuando el hombre llegara, la llevaban a quemar.
Deténganse los señores, xusticia en iste lugar,
esta niña es muy joven, va muy mal por confesar.
Padre, ya voy confesada, me quiero reconciliar.
La agarró por una mano, la llevó junto a un altar;
en vez de la confesar, los dous se ponían a hablar.
Dame un beso tú, Lanzuca, mira que te he de salvar.
No lo quiera Dios del cielo ni la Virgen del Pilar,
si yo diera un beso a un perro cardenal.
Dame un beso tú, Lanzuca, mira bien con quién estás.
La agarrara por la mano, la montara de a caballo.
Si la llevas por amiga, Dios te la caiga en el mar,
si la llevas por esposa, o dote lle has de levar.
Padres que quemai-las fillas, ¿que dote lle podéis dare?
Pa onde lle vai a meniña o dote non lle ha de faltar.