Conde Claros en hábito de fraile v9

IGR: 0159. Versión: 9. Rima: á. Hemistiquios 112.

Susañe del Sil (ay. Palacios del Sil, p.j. Ponferrada, ant. Murias de Paredes, comc. Ribas del Sil, León, España)

Don Carlos, con amores,    no podía sosegar;
se fue a la calle arriba,    donde las damas están.
Se cogió con Clarailinda,    al jardín del rey se van;
el conde tendió su capa,    Clarailinda su sayal.
Pasó por allí un caballero,    que no debía de pasar,
que todo lo que allí ve    al rey se lo va a contar:
Nuevas le traigo, buen rey,    nuevas de grande pesar,
que vuestra hija Clarailinda,    ay, encinta os está.
De siete hijas que tenía,    todas las mandó llamar;
él las llama una a una,    ellas vienen par a par.
¿Cuáles estas, las mis hijas,    que encinta os estáis?
Miran unas pa las otras,    empezaron a negar;
si no fuera Clarailinda,    que se había echao a llorar.
La encerraron en un cuarto    para llevarla a quemar.
Si hubiera por allí un paje    de esos que yo daba pan,
mandaría llevar la carta    a Carlos de Montealbar.
Escríbala, la señora,    que yo se la iré a llevar.
Mitad escribió con tinta,    la otra con sangre real.
Por aquellas vegas arriba    corría más que un gavilán.
Por aprisa que llegó,    don Carlos de misa sal.
Nuevas le traigo, don Carlos,    nuevas de grande pesar,
que su novia Clarailinda    hoy la iban a quemar.
Si la queman, que la quemen,    a mí lo mismo me da,
que mujeres por el mundo    para mí no han de faltar.
En oyendo esto el paje,    se había echado a llorar.
¿Tú me lo dices de faulas,    o lo dices de verdad?
que si lo dices de faulas,    nos iremos a almorzar;
si lo dices de verdad,    es hora de caminar.
Tenga usted, lea la carta,    la carta se lo dirá.
Empezó a leer la carta,    no la pudo terminar.
Vamos, vamos a mi madre,    que un consejo me ha de dar.
Quita tus ropas de seda    y pon las de cardenal.
Por aquellas vegas abajo    corría más que un gavilán.
Deja el caballo que corra    y ponte en el ruán.
Por aprisa que llegó,    ya la iban a quemar.
Pare, pare, la justicia    y toda la hermandad,
que la chica es muy joven    y aún va sin confesar.
Siete curas la confiesan,    de ninguno sal verdad.
Si la confiesan siete curas,    ahora va un cardenal.
La cogiera entre sus brazos,    la pusiera en el altar:
¿Has dormido con alguno,    a tu gusto, a tu pesar?
No he dormido con ninguno,    ni a mi gusto ni al pesar,
si no fueran las tres noches    con Carlos de Montealbar,
una ha sido a mi gusto    y otras dos a mi pesar.
Pues ahora, de penitencia,    un besito me has de dar.
No lo quiera Dios del cielo    ni la Virgen del Pilar
donde puso Carlos boca    que la ponga un cardenal.
Oyendo esto el caballero,    se había echado a llorar.
Quede con Dios la justicia    y toda la hermandad,
que la chica más bonita    hoy la iban a quemar.
Si la llevas por amiga,    no la llegues a gozar;
si la llevas por esposa,    vuélvele por el dotal.
¡Padres que quemáis hijas,    qué dote le queréis dar!
Caballero que la lleva    no te tiene que le dar.
Si les vuelves a llamar padres,    la cabeza te he cortar.
Tú la cortes o no la cortes,    padres les he de llamar.
¡Válganos Nuestra Señora    y la Virgen del Pilar!

Otros datos:
Nota: Los versos 1-13 corresponden a lo que denominamos Conde Claros preso aunque Armistead y Costa Fontes los llaman "Conde Claros y la princesa acusada. [B10] La confusión arranca de que la tradición combina libremente (y de maneras varias) motivos del viejo romance cíclico. .

Bibliografía:
Recitada por Clotilde González (52a). Recogida por Ángeles Gasset, Francisco Mendoza Díaz-Maroto, Margarita Morton y Isabel Rodríguez, 1980. (Archivo: ASOR; Colec.: Encuesta NORTE 80; cinta: 4.30-6.2/B-10). Publicada en TOL I 1991, pp. 97-99.
[0366 Conde Claros preso and 0469 Infanta preñada, contam.]