IGR: 0159. Versión: 8. Rima: á. Hemistiquios 99.
Trascastro (ay. Peranzanes, p.j. Ponferrada, ant. Villafranca del Bierzo, comc. Fornela, León, España)
Campanillas toca el rey, campanillas a la par.
Todas damas y doncellas todas salían a mirar;
también salía Galanzuca, la hija del rey Galán,
también salía Galanzuca, que en el mundo no la hay.
Estando jugando al naipe, don Carlos se fue alabar:
Tuve que ver con una niña que en el mundo no la hay;
los dientes tiene menudos, menuditos como el sal,
d` arriba de los sus pechos los naipes pueden jugar.
Unos decían: «¿Quién sería?», y otros dicen: «¿Quién será?,
¿si sería Galanzuca, la hija del rey Galán,
si sería Galanzuca, que en el mundo no la hay?»
El rey tenía tres pajes, uno de ellos lo fue a contar.
¿A cuál de las tres, mis hijas, a cuál preñadita estáis?
Miraba una pa la otra sin palabritas (ni) hablar;
si no fuera Galanzuca, que encomenzara a llorar.
¡Troparme tres carros de leña, otros tantos de metal,
pa(ra) quemar a Galanzuca, la hija del rey Galán!
¿A cuál de los mis criados, el que me coméis el pan,
me queréis llevar una carta a Carlos de Montalbán?
(Y el más chiquitino de ellos dijo:)
Escríbala, señora, escríbala, que yo os la iré a llevar.
Por aquellas vegas arriba pa(r)ece que quiere volar,
y por aquellas abajo parecía un gavilán.
¡Albízaras, el don Carlos, albízaras de pesar,
(que) van quemar a Galanzuca, la hija del rey Galán.
Si la queman, que la quemen, que la dejen de quemar,
Castilla bien grande era, mujeres no han de faltar.
Si lo dices de mentira, es hora de ir a almorzar;
si lo dices de verdad, es hora (ya) de caminar.
Si no lo quiere creer,
aquí le traigo en mi bolsillo, que le cuente la verdad.
Aún no tenía la carta abierta, luego la volviera a cierrar.
Por aquellas vegas arriba pa(r)ece que quiere volar,
y por aquellas abajo parecía un gavilán.
Cuando llegara a su tierra, ya la iban a quemar.
Deténgase, la justicia, la vara de este lugar,
esta chica era muy joven, iba mal por confesar,
y lo que lleva en el vientre iba mal por bautizar.
La cogiera entre sus brazos, la pusiera en el ruan.
Ahora, por penitencia, (y) un besito me has de dar.
No lo quiera Dios del cielo ni Santa María de la Mar,
donde don Carlos puso la boca no la ponga un cardenal.
Quédese con Dios, la justicia, la vara de este lugar,
esta chica era muy mía, conmigo la he de llevar
y lo que lleva en el vientre padre a mí me ha de llamar.
Si la llevas por amiga, mal de ella veas gozar;
si la llevas por esposa, las ropas vuelves buscar.
Si usted la viste de seda, yo la visto de sayal.
Válgame Nuestra Señora, Santa María de la mar,
el que mandó quemar la niña la ropa mande quemar,
que si va vestida de seda, la vestiré de sayal.