IGR: 0159. Versión: 7. Rima: á. Hemistiquios 85.
Chano (ay. Peranzanes, p.j. Ponferrada, ant. Villafranca del Bierzo, comc. Fornela, León, España)
Cuando venía don Carlos, don Carlos de Montealbar,
lleva campanillas de oro para mejor resonar.
Bien lo oyera Galanzuca, la hija del rey Galán,
bien lo oyera Galanzuca, de altas torres donde está.
(Tuvo una entrevista con él y durmió con ella)
Otro día por la mañana don Carlos se fue a alabar:
He dormido co` una niña que en el mundo he visto tal,
los ojos de su cara . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
y los dientes de su boca, menuditos como el sal,
y encima de sus pechos los naipes pueden jugar.-
Bien lo oyera el rey su padre.
Tenía tres hijas y las tres mandó llamar.
¿A cuál de las tres mis hijas, a cuál preñadita está?
Miran unas para otras, de ellas palabra no sal;
si no fuera Galanzuca, que empezó a llorar.
Aprisa, aprisa, criados, . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
traer tres carros de leña para mandarla quemar.
(Ella corriendo escribió una carta al criado que tenía y la fue a llevar al pueblo de don Carlos de Montealbar)
Por unas vegas pa arriba parecía un gavilán,
por otras para abajo parece que quier volar.
Cuando llegó a su pueblo, don Carlos de misa sal.
Buenos días, don Carlos, Buenos, buenos, ¿usted qué trae?
Que a su novia Galanzuca que la iban a quemar.
Si la queman, que la quemen, si no, la dejen quedar;
bien larga era Castilla, mujeres no han de faltar;
pero ¿lo dices de mentira o lo dices de verdad?
No lo digo de mentira, que lo digo de verdad,
aquí traigo en el bolsillo quien le cuente la verdad.
Aún no empezó a leer y a su casa se va.
(Él se vistió de cardenal. Cogen cada uno su caballo, a fuego, y llegan onde la chica; ya estaba la hoguera para quemarla)
Deténgase la justicia, la vara de este lugar,
que esta niña es muy joven y va mal sin confesar.
Ya se confesó a tres frailes, ya pudo contar verdad.
Ella tiene un pecadito que a mí me lo ha de contar.
(Y entonces fue al confesionario con ella)
¿Pecaste con algún hombre de veras o de verdad?
No pequé con ningún hombre de veras y de verdad,
si no fue tres noches, tres, con Carlos de Montealbar;
la primera fue a mi gusto y las dos a mi pesar,
la primera fue en su capa, las dos en mi verde brial.
Para que Dios te perdone, un besito me has de dar.
Eso no lo quiera Dios ni la Virgen del Pilar,
donde Carlos puso sus labios lo ponga ningún cardenal.-
(Entonces él se quitó la sotana y se presenta al rey)
Si la llevas por querida, de ella veas mal gozar;
si la llevas por esposa, las ropas vuelve a buscar.
Bien larga era Castilla, ropas no han de faltar;