Conde Claros en hábito de fraile v29

IGR: 0159. Versión: 29. Rima: á. Hemistiquios 95.

Vierdes (ay. Oseja de Sajambre, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Sajambre, León, España)

Galancina, Galancina,    hija de un conde galán,
¡quién estuviera tres noches    a tu gusto y mi mandar!
Si tú durmieras conmigo    ya te podías alabar.
Si supieras que me alabo,    mátame con un puñal,
Si con un puñal te mato,    con otro te han de matar.
Ya pasaron las tres noches,    don Carlos se fue alabar:
Dormí con la mejor dama    que el mundo puede criar,
es tan alta como un pino    y blanca como un rosal,
entre dos sus pechos lindos    cuatro bien pueden jugar.
La gente, como es tan mala,    al padre le van contar.
El padre, desque lo supo,    la ha tratado de encerrar,
donde no le diera el sol    ni agua que le hiciera mal.
Las amigas de su tiempo    la iban a visitar:
¿Por qué lloras, Galancina?    Porque tengo de llorar:
Hoy me vino la sentencia,    mañana me van quemar.
Dime, dime, Galancina,    ¿quién te hizo tal maldad?
Yo sólo dormí tres noches    con don Carlos Montealbar;
la primera fue a la fuerza    y dos son de voluntad.
Dicen unas contra otras:    Galancina encinta está.
¡Oh quién fuese pajarillo,    oh quién supiese volar,
para escribirle una carta    a don Carlos Montealbar!
Escríbela tú, mi prima,    que yo se la iré a llevar;
si pa arriba corro mucho,    pa abajo tengo volar.
Cuatro vueltas dio al palacio    sin las puertas encontrar;
luego al dar las cinco vueltas,    don Carlos sonó llamar.
¿Qué hay de bueno, pajarillo,    que hay de bueno por el mar?
Yo, si a usted se lo dijera,    mucho no le ha de gustar,
que a su novia Galancina    mañana la van quemar.
Si la queman, que la quemen,    a mí no me da mucho más,
que el mundo, como es tan largo,    novia no me ha de faltar,
si ha ser un poco más blanca,    será un poco más moral.
Pronto que coge la carta,    pronto la vuelve a posar;
ocho caballos tenía,    ocho mandó aparejar
y los siete reventaron    antes del puerto llegar.
Caballo mío, caballo,    Dios te libre de algún mal,
que unas herraduras nuevas    bien me las has de gastar,
la jornada de ocho días    hoy me le tienes que andar
y la cebada de ocho días    hoy la tienes pa cenar.
Buenas tardes, caballero.    Felices las vengo a dar,
¿cómo hace usted tanta leña    no siendo por Navidad?
Voy a quemar una hija,    que me ha hecho mucho mal.
Esa hija es muy joven    pa morir sin confesar.
Confiésela usted, don Carlos,    si la quiere confesar,
que si usted se lo confiesa,    usted se la ha de llevar.
Dime, dime, Galancina,    ¿quién te ha hecho tanto mal?
Sólo he dormido tres noches    con don Carlos Montealbar,
la primera fue por fuerza    y las dos de voluntad.
Dime, dime, Galancina,    qué te dejó de señal.
Me dejó un manto de seda,    conmigo lo he de quemar.
Dime, dime, Galancina,    si te ha dejado algo más.
Me ha dado un anillo de oro,    conmigo le voy llevar.

Otros datos:
52 --Buenos días, Galancina, que tú mía serás ya.

Nota: Galiarda y Florencios, vv 1-12.

Bibliografía:
Recitada por Jacinta Redondo (20a). Recogida por Ramón Menéndez Pidal, 02/09/1909 (fecha deducida) (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en TOL I 1991, pp. 125-126.
[0149 Galiarda y Florencios contam.]