Conde Claros en hábito de fraile v135

IGR: 0159. Versión: 135. Rima: á. Hemistiquios 156.

Serandinas (ay. Boal, p.j. Luarca, ant. Castropol, Asturias, España)

Silvanuca, Silvanuca,    hija del rey galán,
esa tal se enamorara    del don Carlos Montealbar.
¡Quién te me diera, Silvana,    dos horas en ti mandar!
Dos horas en mi mandar,    
esas dos horas, don Carlos,    muy buenas te fueran de dar,
pero tú eres muy joven    y al campo te irás [a] alabar.
Con esta espada me maten,    con otra me han de matar
si nunca con niña durmiese    al campo me fui a alabar.
En otro día de mañana    al campo se fue a alabar.
Esta noche he dormido con una niña    que en mi vida vi otra tal;
los dientes de la su boca    relucen como un cristal,
y encima de los sus pechos    los dados pueden jugar.
Unos dicen quién sería,    otros decían quién será,
y él por descubrir el secreto    
dijo que hubiera sido    la hija del rey galán.
Pues no faltara hablador    que al rey lo fuera a contar;
el rey, en cuanto lo supo,    la hija manda quemar.
La hija, en cuanto lo supo,    ella encomenzó a llorar.
¡Ay de mí, triste cautiva,    
quién me diera escribir carta    a don Carlos Montealbar!
Ay, si don Carlos supiera,    él me tenía que librar.
Bien la oyera un pastorcito,    muy bien la supo escuchar.
Escríbale usted, señora,    que yo se la iré a llevar,
escríbale usted con prisa,    no tome usted gran vagar;
bien ve que el día es tan corto    y la jornada está por andar.
Uno lo escribiera con tinta    y otro con lágrimas del su llorar.
Por aquella cuesta arriba    ya no puede caminar,
por aquella cuesta abajo    ya parece un gavilán.
Pronto llega a los palacios    de don Carlos Montealbar;
anduviera siete puertas,    por ninguna pudo entrar,
de las siete pa` las ocho    saliera don Carlos [a] abrir.
Ay pastorcito, mucho me extraño, pastorcito,    a estas horas por mis palacios.
El milagro non es mucho,    mucho non es de extrañar,
aquí le traigo una carta    de muchas penas y pesar:
mañana van quemar a Silvana,    la hija del rey galán.
Lo mismo me da que la quemen    ni la dejen de quemar,
Madrid y Francia es bien largo,    mujeres no me han de faltar;
aunque no sean tan bonitas    han de ser de habilidad.
El pastorcito que tal oyera    él se soltara a llorar.
¿Por qué lloras, pastorcito,por qué paras en llorar?    
Por la niña tan hermosa    que yo no la pueda librar.
Pues no llores, pastorcito,    
que aunque mi boca dice esto    queda en mi corazón pesar.
Manda aparejar el ruán,    
manda aparejar caballos,    caballos de más andar;
quitándose ropas menores,    vistiendo de capellán;
quitando zapato de seda,    poniéndolo de cordobán.
Montan los dos a caballo;    
por aquella cuesta arriba    ya no pueden caminar;
por aquella cuesta abajo    gavilanes parecerán.
Pronto llegan a los campos    donde Silvana han quemar.
Dios los guarde, caballeros,    a todos los que aquí están.
¿Para [qué] quieren tanta leña    como en este campo hay?
¿Será acaso por ser vísperas,    las vísperas de San Juan?
Esa leña que hay ahí,    
Será pa` quemar a Silvana,    la hija del rey galán.
Ay, esa niña es muy joven,    necesita confesar.
Ya la confesaron tres,    a ninguno dijo verdad.
Confiésela yo, caballeros,    acaso me la contará.
La cogiera de la mano,    llevóla al pie del altar,
sacárala juramento    por un libro de misar
de cuándo había dormido    con casados o por casar.
Pues nunca dormí con hombre    casado ni por casar,
si no fueran tres noches    con don Carlos Montealbar;
una fuera de mi gusto    y dos con el mi pesar.
Don Carlos es muy bonito,    algo te tenía de dar.
Pues diome un manto de seda    que conmigo han de quemar.
Don Carlos es muy bondoso,    algo te daría más.
Diérame un anillo de oro    que quiero también quemar.
Niña, dame un beso de tu cara,    yo te libro de quemar.
No lo quiera Dios del cielo    ni la Virgen del Pilar,
donde don Carlos puso cara    póngala un cardenal.
El apretóle la mano.    ¿A quién te parezco yo?
En los labios de su boca    y en el modo de apretarme
figúraseme sois, padre,    don Carlos de Montealbar.
Cogiérala entre sus brazos,    pusiérala encima del ruán.
Queden con Dios, caballeros,    
que esta niña es muy mía,    con ella me voy casar.
Quien quiera seguir mis bodas,    mañanita de San Juan,
entre bodas y funciones    tres días ha de durar.
Nesa leña que ahí queda    nella quemarán un can,
los huesos que de él quedasen    daranlos al rey galán.
!Válgame el señor San Juan!    
Notas: -62a de c., lectura dudosa (si da c.?).    

Otros datos:
Inicio: ¡Válgame el señor San Juan!
Bibliografía:
Recogida en 1889. (Archivo: AMP). Publicada en Romancero asturiano, tomo II (en prensa) y Petersen-Web 2006, Texto.