IGR: 5120. Versión: 3. Rima: é-a. Hemistiquios 108.
La Lastra (ay. Tudanca, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Cabuérniga, Santander, España)
Estándome paseando, martes de carnestolendas,
perseguido de mi desdicha o de la fortuna inversa,
porque a mí me pareció que merecía una reina,
se arrimó una vieja a mí que presumía que era
la que engañó a San Antón, a Pedro y a San Esteban.
Esta tal vieja me dijo con palabras halagüeñas:
Hijo de mi corazón, mucho en el alma quisiera
saber lo que se le ofrece que mucho el barrio pasea.
Más quiéreselo yo decir para descansar siquiera.
Yo señora ando buscando una muchacha que tenga
lindo garbo y distinción y que de su gusto sea.
Bienvenido, caballero, a famoso caso llega;
que tengo yo una sobrina que es muy bizarra y discreta,
tiene muchos pretendientes y ella a todos los desprecia;
el mismo rey en persona se ha querido prendar de ella.
Es cierto que esta mañana me dijo en todo resuelta
Téngomele de casar con el mismo que usted quiera,
y pues siendo gusto mío también será gusto de ella.
Tanto me lo encareció que era mi pecho una hoguera;
otorgué y le di la mano pero fue con advertencia
que hasta que ella me avisara no podría entrar a verla.
Ya se pasa mucho tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
con regalos a la novia y con gajes a la vieja.
Yo merqué un lindo carnero loteándole con seda
que muchos de afetorio son testigos que la vieja
le llevó a casa de la novia por gozar alguna presa.
Luego la encontré un día. Madre, ¿cuándo me dais pena?
Ella me responde entonces: En saliendo la cuaresma.
Entonces quedé gozoso porque ya venía cerca.
Entré por fin en su casa, donde mi señora suegra
le pregunté por mi Felis, ella me responde entuenzas (?).
Ahora se fue a la calle a sentarse en la secreta.
Ha respondido de adentro la referida doncella.
Espere usted, señor novio, que voy larga de barreta;
estoy haciendo buñuelos para el día de la fiesta.
Yo respondí sonriendo, para la muy sucia y puerca.
Por fin por verla venir sentéme en una silleta.
Yo que la he visto venir, ¡cielo, prestadme paciencia!
quién vio una muerta pintada . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
si hubiera estado allí dos muertas juntas se vieran.
Los pies tenía muy grandes y muy delgadas las piernas;
y en la cabeza era calva porque de tiña o de lepra
la tenía más roída que una enfunda de manteca.
De sus narices colgaban dos mocos como dos velas
que la servían de luto para otorgarle la lengua.
En su vientre reparé, eso me causó más pena,
que si no estaba preñada era opilada de enferma.
Yo que he visto tal engaño traté de salirme afuera
vi la justicia a la puerta.
Aunque yo no la quería me obligaron a quererla;
al instante tuvo soplo, sin duda fue de la vieja.
El día que me casé iba la novia compuesta
que era un desenojo el verla;
tacón con alpargata, hebillas, ligas sin medias,
el manto era de soplillo que no la llegaba al besa (?)
al allegar a la iglesia
la vergüenza que pasé ninguno pase por ella,
que hay ojos en este mundo que de legañas se precian.
Desde allí a muy poco tiempo a decir el cura empieza:
¿Recibe usted por esposa a la señora Teresa
de Moncargo a Gangarrilla que baja por línea recta
de la casa de Pilatos en el reino de Judea?
¿Teresa fea y ahora de tan mala descendencia?
el demonio se la lleve si he de hacer vida con ella.
Desde allí a muy poco tiempo ha parido la Teresa
y la partera me dijo: Compadre, tenga paciencia,
con este si no me engaño tiene ya catorce afuera.
yo pagué y ella contenta.