Celos y honra v4

IGR: 0147. Versión: 4. Rima: á-a. Hemistiquios 74.

Soutelo (parr. Piquín, ay. Ribeira de Piquín, ant. Meira, p.j. Fonsagrada, Lugo, España)

En las calles de Madrid    dos caballeros se tratan;
juntos comen, juntos beben,    juntos se van a la plaza,
juntos montan de a caballo    en una yegua lozana.
Uno se llama don Diego    y otro don Jorge se llama,
y este don Diego que digo    pretende una hermosa dama.
Ella es hija de un cerero,    de nombre se llama Juana;
no tiene padre ni madre    sino un hermano y la guarda.
Un día en una romería    descubrió su mano blanca.
Don Diego, que bien la vía,    don Jorge bien la miraba;
n`ella tenía un anillo    y una sortija de plata.
Ese anillo que ahí tienes    otras manos ocupara,
ocupara las de don Diego    por ser él mi camarada.
El que ocupe quien ocupe,    a usted ¿qué se le daba?
Don Diego se retiró    sin decir una palabra.
Estando en estas razones,    don Diego a don Jorge llama.
Don Jorge está cenando    con un amigo a la tabla.
Dígale que cene luego,    que otro amigo lo aguarda.
Lo que te digo, ay amigo,    que traigas fusil y espada
porque entre o millor amigo    sucede millor pedrada.
Juntos montan de a caballo    en aquella yegua lozana.
Ya anduvieran siete leguas    sin ninguno hablar palabra;
desde las siete a las ocho    don Diego tendió la capa.
Ven acá, perro traidor,    fenezcan las tus palabras;
¿qué te hacía la niña    que en la comedia le hablabas?
Estando en estas razones    desenvainan las espadas;
los golpes de los aceros    al cielo suben las llamas.
En los primeros encuentros,    don Diego a don Jorge mata.
¿Dónde vienes, ay don Diego?    Trais la valona manchada.
Vengo de matar al perro    que en la comedia te hablaba.
Si matastes a don Jorge,    a mí viva me enterraras.
Lo oyera un hermano suyo    de otra sala donde estaba;
se levanta en calzoncillos    y en camisola de holanda.
¡Di la confesión, traidora,    di la confesión, malvada!,
que si has de servir a Dios,    no has de andar enamorada.
Y al decir: «Señor, pequé»,    le atraviesa pecho y espalda.
Por ella se matan hombres,    por ella hombres se matan;
dos hombres y una mujer,    ¡válgame Dios, qué desgracia!

Bibliografía:
Recitada por María Antonia Álvarez (45a). Recogida por Aníbal Otero Álvarez, 1928 (fecha deducida) (Archivo: AMP; Colec.: Otero, A. (M. Goyri-R. Menéndez Pidal)). Publicada en RT-Galicia 1998, pp. 376-377.