IGR: 0670. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 100.
Agulo (ay. Agulo, p.j. San Sebastián de La Gomera, ant. Santa Cruz de Tenerife, isla de La Gomera, Santa Cruz de Tenerife, España)
Yo vide un galán un día llorando a lágrima santa,
que se va para las Indias, para las Indias de España.
Véngote a decir, Manuela, prenda quería del alma,
que en siete años o pur ocho tú no me asperes en casa;
en siete años o pur ocho más pur nueve es mi tardanza.
La niña, que está de pecho` asoma`a a su ventana,
cuanti que esta letra oyó para atrás cayó sin habla.
Con una alcarroza de agua su lindo rostro rociaba
y con un pañuelo blanco su linda cara limpiaba;
de una vez que la limpió, lo dobló y lo echó en un arca.
Se cumplieron los nueve años, y en ver que su amor se tarda,
se embarcó doña Manuela en voz de doncella honraa,
en un barquillo jerez donde dos meses estaba.
Onde al medio di esas mares los moros la cautivaban;
le hacen mil perrerías y de ella no sacan nada,
las cintas de su cabello de cadenas se la echaban,
en cada pierna un grillote, un collar en su garganta,
en el palillo más alto llevan a Manuela atada.
Y la fueron a vender en una pública plaza.
La compró un moro muy rico, de mucha hacienda larga,
y a la mora le decía: Aquí te traigo una esclava,
pa que te raje la leña y tus mandados te haga,
y te barra tus armenias, donde tus palomas andan,
y alreor de aquellas torres te siegue yerbas granadas.
La mora se fue pa misa, la niña se quea en casa,
pespuntando una camisa que la mora le dejaba.
Es tanto lo que lloró, es tanto lo que lloraba,
fue tanto lo que lloró que al moro pena le daba.
Él está en el corredor, la niña en la sala baja;
el morillo le decía: Súbase arriba, cristiana.
Ella sale con temor, no fuera para matala.
Le puso un puñal al pecho y con él le amenazaba.
Aquí tienes que decirme de qué tierra eres, cristiana,.
Yo soy de la Andalucía, la mejor suidá que estaba,
aquella onde raya el sol con su pinta coloraa,
donde tú naciste, el moro, tus padres buenos quedaban.
Acuérdate cuando fistes a despeirte a mi casa,
tú me diste un cristal di oro, que mi pecho me honra y guarda,
tú me diste una sortija, que la traigo en mi compaña,
y si no lo quieres creer toma esta carta y verasla.
Cogió la carta y lediola, la besó y la echó en un arca:
¿Pa qué no me lo dijistes cuando te compré en la plaza?
Pa no dar tantos castigos a prenda tan destimada;
cuando la morilla venga mostrarásle mala gracia,
que esta noche la dejamos en cajones sepultada
para dirnos a casar a la suidá de Granada.
Saltan a la playa Armenia un lunes por la mañana,
el capitán fue el pairino, ése mismo le echó el agua.
A él le ponen don Juan, como di antes se llamaba,
su esposa, doña Manuela, doña Manuela de Ayala.