Capitán burlado v3

IGR: 0501. Versión: 3. Rima: á-a. Hemistiquios 104.

Agulo (ay. Agulo, p.j. San Sebastián de La Gomera, ant. Santa Cruz de Tenerife, isla de La Gomera, Santa Cruz de Tenerife, España)

Don Antonio de Valor,    hombre de valor y fama,
ese tal tiene una hija    que doña Antonia se llama,
que es más bonita que el sol    y más que la luna clara;
de belleza y hermosura    no hallo con quien compararla.
Se diba un domingo a misa    en compaña su criada,
vestida de tela fina    que a doblón costó la vara,
metida en una alcarroza    que cuatro caballos la andan,
cuatro caballos herreros    que la alcarroza volaban.
Se sube a la iglesia arriba,    al asiento con la dama:
muy bien que se arrodilló,    muy bien que se arrodillaba,
muy bien que alababa a Cristo,    muy bien que a Cristo alababa.
El capitán de marina    que uyendo la misa estaba
a sus amigos les dice:    ¿De quién es aquella dama?
Aquella es la dueña Antonia,    de don Antonio que llaman,
ella es la dueña Antonia    que del lugar tiene fama.
Coge la pluma en la mano    para escribir una carta,
que si lo llevaba en gusto    iba a merendar a casa.
Ella le dice que sí,    cómo no, de buena gana.
A la hora el mediodía    el capitán está en casa;
le ponen pan en manteles,    le ponen cuchillo en vaina,
en cada punta un pañuelo,    ¡oh mesa tan adornada!,
una alcarroza con vino,    una botella con agua.
¿Dónde está la dueña Antonia    que en la mesa no es sentada?
Mi hija es corta y pequeña    para a la mesa sentarla.
Pues si era corta y pequeña,    ¿para qué me dio palabra?
Si Dios me presta la vida,    la llevo en mi retaguardia.
Allí sale don Antonio,    va zapatiando de rabia,
con lágrimas de sus ojos,    con lágrimas de su cara,
con lágrimas de sus ojos    lleva la sala regada.
Ella está en el corredor    lo oye que suspiraba:
¿Qué tiene, padre querido,    qué tiene, padre del alma?
Hija, si me quieres mucho,    por Dios no me digas nada,
que el capitán de marina,    que oyendo la misa estaba,
dice que te ha de llevar sentado    en su retaguardia.
No llore, padre, no llore,    que aquí no pasará nada.
Usted se va a la cocina    y me tray una las criadas;
tráigame la más bonita,    la más blanca y encarnada
y entonces verá mi padre    cómo me quedo en su casa:
yo le daré mis vestidos,    todas mis prendas y galas
y yo diré a la cocina    y me tiznaré la cara.
Para él ensilla un caballo,    para ella una yegua varia.
Caminaron siete leguas    sin decirse una palabra;
al cumplir las siete leguas    el capitán le jablaba:
¿Qué lleva la dueña Antonia    que no me ha dicho palabra?
Yo no soy la dueña Antonia,    que la dueña Antonia es mi ama.
Pues si no eres dueña Antonia    yo de ti no quiero nada.
Vuelta, vuelta su caballo    a llevársela a su casa.
Aquí tiene, don Antonio,    aquí tiene a su criada,
¡en donde puso a su hija    ponga también su criada!
¡Oh malhaya el hombre vario    que por mujer pasos daba;
si yo las tengo en mi tierra    como rosas encarnadas!
Si las tienes en tu tierra    ¡a qué viniste a mi casa!

Otros datos:
Inicio: Vide lavando mi dama su blanca pierna en el agua.
Bibliografía:
Recitada por Esperanza Conrado Hernández (64a). Recogida por Maximiano Trapero y Elena Hernández Casañas, 1983. (Archivo: GOM; Colec.: Trapero, M.). Publicada en F.E.R.U. 4 Canarias 1987, nº 8.2. Reeditada en Trapero 2000 , Romancero General de La Gomera , nº 8.2, pp. 147-147.