IGR: 0031. Versión: 3. Rima: á-a. Hemistiquios 291.
España
Ya se salen de Castilla castellanos con gran saña,
van a desterrar los moros a la vieja Calatrava.
Derribaron tres pedazos por partes de Guadiana;
por el uno salen moros que ningún vagar se daban:
por unas sierras arriba grandes alaridos daban,
renegando de Mahoma y de su secta malvada.
¡Cuán bien pelea Rodrigo de una lanza y adarga!
Ganó un escaño tornido con una tienda romana.
Al conde Fernán González se la envía presentada,
que le trate casamiento con la linda doña Lambra.
Concertadas son las bodas: ¡ay Dios, en hora menguada!,
a doña Lambra la linda con don Rodrigo de Lara.
En bodas y tornabodas se pasan siete semanas.
Las bodas fueron muy buenas, y las tornabodas malas;
las bodas fueron en Burgos, las tornabodas en Salas.
Tanta viene de la gente, no caben en las posadas;
y faltaban por venir los siete infantes de Lara.
Helos, helos por do asoman con su compañía honrada.
Sálelos a recebir la su madre doña Sancha.
Bien vengades, los mis hijos, buena sea vuestra llegada.
Allá iréis a posar, hijos, a barrios de Cantarranas;
hallaréis las mesas puestas, viandas aparejadas;
y después que hayáis comido ninguno salga a la plaza,
porque son las gentes muchas, siempre trabaréis palabras.
Doña Lambra con fantasía grandes tablados armara.
Allí salió un caballero de los de Córdoba la llana,
caballero en un caballo, y en su mano una vara;
arremete su caballo, al tablado la tirara,
diciendo: –Amad, señoras, cada cual como es amada,
que más vale un caballero de los de Córdoba la llana,
más vale que cuatro o cinco de los de la flor de Lara.
Doña Lambra que lo oyera de ello mucho se holgara:
¡Oh maldita sea, la dama que su cuerpo te negaba!,
que si yo casada no fuera el mío yo te entregara.
Allí habló doña Sancha, esta respuesta le daba:
Calléis, Alambra, calléis, no digáis tales palabras,
que si lo saben mis hijos habrá grandes barajadas.
Callad vos, que a vos os cumple, que tenéis porque callar,
que pariste siete hijos como puerca en cenegal.
Oídolo ha un caballero que es ayo de los infantes;
llorando de los sus ojos con gran angustia y pesar
se fue para los palacios do los infantes estaban.
Unos juegan a los dados, otros las tablas jugaban,
sino fuera Gonzalillo que arrimado se estaba.
Cuando le vido llorar, una pregunta le daba;
comenzóle a preguntar:
¿Qué es aquesto, el ayo mío, quién vos quisiera enojar?
Quien a vos hizo enojo cúmplele de se guardar.
Metiéranse en una sala, todo se le fue a contar.
Manda ensillar su caballo, empiézase de armar;
después que estuvo armado apriesa fue a cabalgar.
Sálese de los palacios, y vase para la plaza.
En llegando a los tablados pedido había una vara;
arremetió su caballo, al tablado la tiraba
diciendo: –Amad, lindas damas, cada cual como es amada,
que más vale un caballero de los de la flor de Lara
que veinte ni treinta hombres de los de Córdoba la llana.
Doña Lambra que esto oyera de sus cabellos tiraba;
llorando de los sus ojos se saliera de la plaza.
Fuérase a los palacios donde don Rodrigo estaba;
en entrando por las puertas estas querellas le daba:
Quéjome a vos, don Rodrigo, que me puedo bien quejar;
los hijos de vuestra hermana mal abaldonado me han:
que me cortarían las haldas por vergonzoso lugar,
me pornían rueca en cinta y me la harían hilar;
y dicen si algo les digo, que luego me harían matar.
Si d` esto no me dáis venganza, mora me quiero tornar:
a ese moro Almanzor me iré a querellar.
Calledes vos, mi señora, no queráis hablar lo tal,
que una tela tengo urdida, otra entiendo de ordenar,
que nacidos y por nacer tuviesen bien que contar.
Fuese para los palacios, donde el buen conde está;
en entrando por las puertas estas palabras fue a hablar:
Si matásemos, buen conde, los hijos de nuestra hermana,
mandaréis a Castilla Vieja, y aun los barrios de Salas,
donde hablaremos nosotros, y nuestras personas valdrán.
Cuando aquesto oyó el buen conde comenzóse a santiguar:
Eso que dices, Rodrigo, díceslo por me tentar,
que quiero más los infantes que los ojos de mi faz,
que muy buenos fueron ellos en aquella de Cascajar,
que si por ellos no fuera, no volviéramos acá.
Cuando aquello oyó Rodrigo luego fuera a cabalgar.
Encontrado ha con Gregorio, el su honrado capellán,
que por fuerza que por grado en una iglesia lo hizo entrar;
tomárale una jura sobre un libro misal:
que lo que allí lo dijese que nadie no lo sabrá.
Después que hubo jurado papel y tinta le da;
escribieron una carta de poco bien y mucho mal
a ese rey Almanzor con traición y falsedad:
que le envíe siete reyes a campos de Palomar,
y aquese moro Aliarde venga por su capitan:
«los siete infantes de Lara que te los quiero empresentar.»
En escribiendo la carta la hizo luego llevar.
Fuérase luego el conde do los infantes están;
sentados son a la mesa, comenzaban a yantar.
Nora buena estéis, sobrinos. Vos, tío, muy bien vengáis.
Oidme ahora, sobrinos, lo que os quiero contar:
concertado he con los moros, vuestro padre nos han de dar;
salgamos a recebirlo a campos de Palomar,
solos y sin armadura, armas no hemos de llevar.
Respondiera Gonzalillo, el menor y fue a hablar:
Tengo ya hecha la jura sobre un libro misal,
que en bodas ni tornabodas mis armas no he de dejar,
y para hablar con moros bien menester nos serán,
que con cristiano ninguno nunca tienen lealtad.
Pues yo voy, los mis sobrinos, y allá os quiero esperar.
En las sierras de Altamira que dicen de Arabiana,
aguardaba don Rodrigo a los hijos de su hermana.
No se tardan los infante, el traidor mal se quejaba;
está haciendo la jura sobre la cruz de la espada
que al que detiene los infantes él le sacaría el alma.
Deteníalos Nuño Salido, que buen consejo les daba.
Ya todos aconsejados con ellos él caminaba,
con ellos va la su madre una muy larga jornada.
Partiéronse los infantes donde su tío esperaba,
partióse Nuño Salido a los agüeros buscar;
después que vio los agüeros comenzó luego a hablar:
Yo salí con los infantes, salimos por nuestro mal:
siete celadas de moros aguardándonos están.
Así allegó a la peña do los infantes están;
tomáralos a su lado, empezóles de hablar:
Por Dios os ruego, señores, que me queráis escuchar:
que ninguno pase el río, ni allá quiera pasar,
que aquel que allá pasare a Salas no volverá.
Allí hablara Gonzalo con animo singular;
era menor en los días y muy fuerte en pelear.
No digáis eso, mi ayo, que allá hemos de llegar.
Dio de espuelas al caballo, el río fuera a pasar;
los hermanos que lo vieron empiezan a guerrear,
mas la morisma era tanta, que no les daban lugar:
uno a uno, dos a dos degollado se los han.
Con la empresa que tenían para Córdoba se van;
las alegrías cine hacen gran cosa era de mirar.
Alicante con placer a su tío fue a hablar:
Norabuena estéis, mi tío. Mi sobrino, bien vengáis.
¿Cómo os ha ido, sobrino, con las guerrillas de allá?
Guerras os parecerían, que no guerrillas de allá;
por siete cabezas que traigo mil me quedaron allá.
Tomara el rey las cabezas, al padre las fue a enviar;
está haciendo la jura, por su corona real
si el viejo no las conoce de hacerlo luego matar
y si él las conocía, le haría luego soltar.
Toma el viejo las cabezas, empezara de llorar,
estas palabras diciendo empezara de hablar:
No os culpo yo a vosotros, que érades de poca edad;
más culpo a Nuño Salido que no os supo guardar.
Variantes: -37b barragadas Pl. Praga; -49b lo f. Pl. Praga; -76b y v. n. p. Pl. Praga; -92a q. los i. Pl. Praga; -92b omite que Pl. Praga; -114a Con ellos va la su m. Pl. Praga, anteponiendo a este verso: Con ellos va la su madre, / la su madre doña Sancha;// -129b hizieron otro que tal.// Los moros estavan cerca, / sálenlos a saltear, // los infantes que lo vieron // empiezan a guerrear, // Pl. Praga..