IGR: 0031. Versión: 1. Rima: á-a+á-e (+á-o. Hemistiquios 138.
España
A Calatrava la Vieja la combaten castellanos;
por cima de Guadiana derribaron tres pedazos;
por los dos salen los moros, por el uno entran cristianos.
Allá dentro de la plaza fueron a armar un tablado,
que aquel que lo derribare ganará de oro un escaño.
Este don Rodrigo de Lara, que ese lo había ganado,
del conde Garci-Hernández, sobrino y de doñ Sancha es hermano,
al conde Garci-Hernández se lo llevó presentado,
que le trate casamiento con aquesa doña Lambra.
Ya se trata casamiento, ¡hecho fue en hora menguada!
doña Lambra de Burueva, con don Rodrigo de Lara.
Las bodas fueron en Burgos, las tornabodas en Salas;
en bodas y tornabodas pasaron siete semanas.
Tantas vienen de las gentes, que no caben por las plazas,
y aun faltaban por venir los siete infantes de Lara.
Helos, helos por do vienen, con toda la su compaña:
saliólos a recebir la su madre doña Sancha:
Bien vengades, los mis hijos, buena sea vuestra llegada;
allá iredes a posar a esa cal de Cantarranas;
hallaréis las mesas puestas, viandas aparejadas.
Desque hayáis comido, hijos, no salgades a las plazas
porque las gentes son muchas, y trábanse muchas barrajas.
Desque todos han comido van a bohordar a la plaza;
no salen los siete infantes, que su madre se lo mandara;
mas desque hubieron comido siéntanse a jugar las tablas.
Tiran unos, tiran otros, ninguno bien bohordaba.
Allí salió un caballero de los de Córdoba la llana,
bohordó hacia el tablado y una vara bien tirara.
Allí hablara la novia, de esta manera hablara:
Amad, señoras, amad cada una en su lugar,
que más vale un caballero de los de Córdoba la llana,
que no veinte ni treinta de los de la casa de Lara.
Oídolo había doña Sancha, de esta manera hablara:
No digáis eso, señora, no digades tal palabra,
porque aun hoy os desposaron con don Rodrigo de Lara.
Mas calláis vos, doña Sancha, que no debéis ser encuchada,
que siete hijos paristes como puerca encenagada.
Oídolo había el ayo que a los infantes criaba;
de allí se había salido, triste se fue a su posada.
Halló que estaban jugando los infantes a las tablas,
si no era el menor de ellos, Gonzalo González se llama;
recostado lo halló de pechos en una baranda.
¿Cómo venís triste, amo?, decí ¿quién os enojara?
Tanto le rogó Gonzalo, que el ayo se lo contara:
Mas mucho os ruego, mi hijo, que no salgáis a la plaza.
No lo quiso hacer Gonzalo, mas antes tomó una lanza;
caballero en un caballo vase derecho a la plaza;
vido estar el tablado que nadie lo derribara.
Enderezóse en la silla, con él en el suelo daba;
desque lo hubo derribado de esta manera hablara:
Amade, putas, amad, cada una en su lugar,
que más vale un caballero de los de la casa de Lara,
que cuarenta ni cincuenta de los de Córdoba la llana.
Doña Hambra que esto oyera bajóse muy enojada;
sin aguardar a los suyos fuése para su posada;
halló en ella a don Rodrigo, de esta manera le habla:
Yo me estaba en Barbadillo, en esa mi heredad;
mal me quieren en Castilla los que me habían de aguardar:
los hijos de doña Sancha mal amenazado me han
que me cortarían las faldas por vergonzoso lugar
y cebarían sus halcones dentro de mi palomar,
y me forzarían mis damas casadas y por casar;
matáronme un cocinero so faldas del mi brial.
Si de esto no me vengáis, yo mora me iré a tornar.
Allí habló don Rodrigo, bien oiréis lo que dirá:
Calledes, la mi señora, vos no digades atal.
De los infantes de Salas yo vos pienso de vengar;
telilla les tengo ordida, bien gela cuido tramar,
que nacidos y por nacer de ello tengan que contar.{M}