IGR: 0184. Versión: 56. Rima: é-a. Hemistiquios 84.
Vallehermoso (ay. Vallehermoso, p.j. San Sebastián de La Gomera, ant. Santa Cruz de Tenerife, isla de La Gomera, Santa Cruz de Tenerife, España)
Paseándose está Giralda entre la paz y la guerra
con sus dos amadas hijas Blancaflor y Filomena.
Pasa por allí Turquía y se enamoró de ellas;
se casó con Blancaflor muriendo por Filomena.
Al cabo de un breve tiempo va Turquía a ver su suegra.
¿Cómo queda Blancaflor, y Blancaflor como queda?
Ella buena de salud, ocupada en tierra ajena
y que le mande pa allá a su hija Filomena,
pa la hora de su parto hallarla a su cabecera.
Mucho me ocupas, Turquía, en pedirme a Filomena,
pues son mis pies y mis manos y no puedo estar sin ella;
pero al fin la llevarás como hermana y cosa vuestra.
Caminaron siete leguas, palabras no se dijieran,
ya van entrando a las ocho de amores le requisiera.
Cállese, hermano Turquía, no sea de esa manera,
que entre hermanos y cuñados tal palabra no se oyera.
Se sapea del caballo, la sapea de la yegua,
la arrastra por los cabellos, a un montecillo la lleva.
Hizo de ella lo que quiso, allí le corto la lengua.
Por los gritos que tenía un pastorcillo se allega;
por las señas que le hace tinta y papel le pidiera.
Señora, papel no tengo, ¡tinta quién te tuviera!
Con la sangre que derrama de su delicada lengua
en la ponta `e su bengala un regloncillo escribiera:
Corre, corre, pastorcillo, lleva a Blancaflor la nueva;
no te vayas por caminos ni tampoco por veredas,
vete por un atajillo que allá en breve y luego llega.
Blancaflor cuando lo supo, de aquella (?) malpariera;
de cenar aquella noche hizo una rica cazuela.
Cuando llega la medianoche Turquía por allí llega.
¡Adentro, señor Turquía, que ya la mesa está presta!
¡Oh, qué rica es esta carne!, ¡oh, qué rica es esta cena!
¡Está más rica, traidor, la honra de Filomena!
¡Válgame Dios, mujer mía, ¿quién te trajo acá esas nuevas?
Me las trajo un pastorcillo que su ganado rodea.
Agradezca el pastorcillo a su grande diligencia,
que si no, hubiese llevado un cocazo en la cabeza.
Ya se hace que lo abraza, ya se hace que lo besa;
sacó un puñal de la cinta y le cortó la cabeza.
Al otro día de mañana a don Turquía se entierra
y a su mujer Blancaflor la coronaron de reina
por haber vengado tanto la honra de Filomena.