IGR: 0103. Versión: 7. Rima: í-a. Hemistiquios 62.
Chano (ay. Peranzanes, p.j. Ponferrada, ant. Villafranca del Bierzo, comc. Fornela, León, España)
Alta va la luna, madre, como el sol del mediodía,
cuando don Pedro Belardo de las batallas venía.
Traía cien caballos, todos ganados n`un día.
Bien le viera el rey su tío, bien le ve y bien le mira:
De esos caballos que traes yo pa mí alguno quería.
Téngalos todos, mi tío, (que) yo pa mi otros ganaría.
Calla, calla tú, Belardo, no hagas tan valentía,
(que) lo que se gana en un año, se suele aperder n`un día;
si no buscas a Valdevino, la vida te costaría.
¡Cómo voy a buscar yo a quien tan mal me quería!,
que me iba a buscar a casa y al campo me desafía.
Allí lo fuera a encontrar al pie de una fuente fría.
¿Qué haces ahí, Valdovinos, ay primo del alma mía?
Estoy mirando a esta fuente cómo las aguas corría,
también miro a mis venas cómo la sangre perdía.
El moro que a ti te hirió dime qué señas tenía.
Del moro que a mí me hirió líbrete Santa María;
cuatro cuartas tiene de ancho, ocho de espalda tendida,
vara y media de cabello, que le llega a la pretina.
(El moro estaba contando en casa de una querida que tenía mentiras:)
Que había matado a Valdovinos y tras de Belardo corría.
Calla, calla, perro moro, calla, calla, que es mentira,
ni hade matado a Valdovinos ni tras de Belardo corrías.
Al decirle «calla, calla», al campo lo desafía.
Monta el moro en su caballo, parece una torre erguida;
monta Belardo en el suyo, parece una palomina.
Tira el moro la su lanza, viene el aire y la derriba;
tira Belardo la suya con afán e galardía,
y le cortara pecho, espalda y el galardón de la silla;
le cortara la cabeza, la llevó a casa `e la querida.
¡Malhayas tú, Belardo, y toda tu valentía,
que has matado al mejor moro que había en la morería!