IGR: 0103. Versión: 23. Rima: í-a. Hemistiquios 58.
Puente Pumar (ay. Polaciones, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Cabuérniga, Santander, España)
Tan alta estaba la luna como el sol a mediodía,
cuando el buen conde Belarde de su batalla salía.
Cien caballos trae de rienda, todos los ganó en un día,
todos los lleva a beber a una fuente que allí había.
Mientras los caballos beben él un romance decía.
Válgame Nuestra Señora, válgame Santa María,
quien esto ganó en una hora ¿cuánto más ganará un día?
Bien lo oyera un tío suyo que está en alta gilogía.
Esos caballos, Belarde, a mí me pertenecían.
Ahí los tiene, mi tío, yo ¿para quién los quería?
Pero amigo don Belarde, ganancia por la perdida,
que tu primo Valdovinos fue a la guerra y no volvía;
o le cautivaron moros o en Francia tiene la amiga.
Ve a buscarle, don Belarde, ve a buscarle por tu vida.
Sólo por una manzana que me dio una blanca niña;
si ella me dio la manzana yo la diera una sortija.
Déjeme el caballo negro para caminar de día;
déjeme el caballo blanco para de noche la guía.
Asomóse a una collada la más alta que allí había.
¿Quién te ha herido, Valdovinos, quién te ha hecho mortal herida?
Del moro que a mí me hirió te libre Santa María;
tié tres cuartas de ojo a ojo, siete varas de pretina.
Bien lo oía el moro perro que está en alta gilogía:
Yo he herido a Valdovinos, yo le hice mortal ería,
yo corrí tras de Belarde siete leguas en un día.
Que has herido a Valdovinos no lo tengo en mucha fía,
porque era muchacho y tierno de las armas no sabía;
corriste tras de Belarde, mira moro que es mentira,
que el hombre que miente a otro en la calle se desafía.
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