IGR: 0029. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 60.
Sevilla (ay. Sevilla, p.j. Sevilla, Sevilla, auton. gitano bajoandaluz, España)
Cuando entré en este castillo apenas tenía barba,
y ahora, por mi desgracia, las tengo largas y canas,
y más yo tengo un hijo que Bernardo le llaman,
que venció a Alto Silverio y ha hecho muchas hazañas;
si para mí no las tiene, díme, ¿para quién las guarda?
El hijo, que oye esto, más palabras no aguarda.
Cuatrocientos sois los míos, que coméis de mi pan,
nunca os he arrepartío, y ahora se repartirán:
doscientos vengan conmigo, que con el rey voy a hablar,
pues si mala me la tiene, mala se la he de tornar.
El rey que le ve venir.
Uno dice que son moros, otros dicen que murcianos,
y el rey, que los conoce, siempre dice que es Bernardo,
que viene a sacar su padre, más de fuerza que de grado.
Bernardo al palacio llega, con el sombrero en la mano.
Buenas tardes tenga el rey, con los suyos a su lado.
Buenas tardes las tengas, hijo de un padre bastardo.
En eso mientse, mal rey,
que mi padre fue tan noble como tu corona mesma;
si mi padre fue el traidor, tu hermana fue la cautela.
Prendedlo, mis vasallos, que a mi corona desprecia.
El rey dice: «Prendedlo», pero ninguno lo intenta,
y el que intenta menearse le ha de cortar la cabeza.
Lo que te digo de chanza ¿lo habéis tomado de veras?
No, mal rey, porque al tomarlo yo de veras,
no quedara en el palacio ni en tus hombros cabeza.
¡Viva Bernardo y su espada, y el que lo ofendiera, muera!
Mira esta espada que tiene filos crudeles,
que has hecho muchas hazañas y ha matado algunos reyes;
a mi padre lo tenéis en un castillo encerrado,
que ni ojos en la cara para llorar le han quedado.