Atentado anarquista contra Alfonso XI v3

IGR: 0202.9. Versión: 3. Rima: no rom. (polias.. Hemistiquios 98.

Sisterna (parr. Santa María de Sisterna, ay. Ibias, p.j. Cangas del Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)

El día treinta de abril    en Madrid se presentó
un joven bien parecido    natural del Moreón.
El objeto que a Madrid,    señores, le conducid,
fue matar a Alfonso XII,    pero no lo consiguió.
Hizo un disparo    con gran valor
y, por desgracia,    no le acertó.
Antonio Oliva,    se quiso ir
mas le detuvo    la guardia civil.
Le llevaron a la audiencia,    la causa se le formó;
le sentenciaron a muerte    pero el rey le perdonó.
Mas el Tribunal Supremo    la causa volvió a fallar,
no tuvieron más remedio    que mandarle fusilar.
Cuando su señora fue    en capilla estaba ya
y los dos centinelas    no la dejaron pasar.
Entonces ella    se arrodilló
al comandante    del batallón.
Yo le suplico    que quiero ver
a mi marido    por última vez
Estando los dos hablando    entró el guarda de prisión:
Señora, salga usté pronto,    que ya van a dar las dos.
Adiós, Oliva del alma,    Oliva del corazón,
adiós, Oliva del alma,    adiós para siempre, adiós.
Ha mandado a convidar    a un amigo de prisión
y estando los dos hablando    esta palabra se oyó:
Amigo mío    del corazón,
juntos estamos    juntos los dos,
pero mañana,    triste de mí,
a gran distancia    estaré de ti.
Antonio Oliva    tener valor,
tener paciencia    y resignación.
Lo que me sobra    es tener valor
pero es que tengo    en el corazón
una desgracia    tan bella y cruel
que son los hijos    y la mujer.
Antonio Oliva era un hombre    de muchísimo valor,
por eso, antes de morir,    estas palabras habló:
Oh, público de Madrid,    os acordareis de mí,
traté de salvar la patria,    pero no lo conseguí.
Si yo no he sido,    otro vendrá,
que al rey Alfonso,    le matará.
El valiente Antonio Oliva    pidió una copa aguardiente
para dársela al verdugo,    que le diera buena muerte.
Ya la tropa está formada    en medio de aquel salón
y la gente reunida    para ver la ejecución.
Salió del coche    sin vacilar,
subió al tablado    sin detención
y el centinela    se desmayó.
Ya se ha muerto Antonio Oliva,    qué penita y qué dolor,
en la plaza del Congreso,    allí fue la ejecución.

Bibliografía:
Recitada por Belarmina Sal González (95a en 2003). Recogida por Roberto Gavela Sal, 2003. (Colec.: Gavela Sal). Publicada en Petersen-Web 2006, Texto © R. Gavela Sal. Reproducida con permiso del recolector. Reeditada en Petersen-Web 2000-2007, Texto.