Antonio Montero y Diego de Frías v3

IGR: 5110. Versión: 3. Rima: é-o. Hemistiquios 81.

Sisterna (parr. Santa María de Sisterna, ay. Ibias, p.j. Cangas del Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)

Casado estaba Montero    con doña Juana del Cueto,
blanca, rubia como el sol    y de gran entendimiento
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]    solo aquel gran soberbio
que andaba por derribarlo    haciendo trazas y enredos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Serás dueña de mis fincas,    porque yo tanta hacienda tengo.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Y si lo sabe Montero    mala fortuna tendremos
pero en fin yo daré astucia    para que juntos estemos.
Marcharemos a la cuadra    caballos aparejemos.
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]    en Madrid paran de cierto
Llega Montero a su casa    hallando su mujer menos:
retorciéndose la barba,    y haciendo mil juramentos
de no quitar barba en cara    ni poner camisa al cuello
hasta encontrar al traidor    que maltrataba su crédito.
Se fue a la tiendo y compró    tres varas de paño negro
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]    cuatro mil remiendos.
Puso una montera blanca    por cima un casco de acero;
con un palito en la mano    limosna se fue pidiendo.
Estuvo en Madrid tres meses    las diligencias haciendo;
el día de San Salvador    tendió la vista Montero,
vio venir a su enemigo    los pasos le fue siguiendo.
Se metió en un calechón    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Le escribió una carta    de los cuatro mil enredos
diciéndole: «Mi sobrino    mil años te guarde el Cielo;
dondequiera se te sabe    Montero te anda siguiendo.
Por Dios te pido sobrino    que te retires del riesgo
que contra ti está dispuesto».    
Baja la dama de arriba:    Mira que no sea enredo.
No hay enredo,– le replica,    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Que esta carta es de mi tío    que a mí me cuesta saberlo.
Y se salieron de noche    con el señor escudero;
llegaron hasta una venta    cuando el día iba rompiendo.
Dice el galán a la dama    Espejo, querido dueño
será tiempo que almorcemos.    
¿Cómo hemos de parar en venta    con el secreto que traemos?
Lleguemos hasta aquel cerro    y allí un poco pararemos.
Cuando llegaron allí    les esperaba Montero,
que en alta voz les decía    Yo soy Antonio Montero.
Le dio siete puñaladas    de la menor había muerto.
Ven aquí, mala mujer,    yo ¿qué daño te tengo hecho?
Del alma lo que te pido    que pague el delito el cuerpo.
Le dio dos puñaladas,    quedó tendida en el suelo.
A los señores mandamases,    a los señores mancebos,
a la señora justicia    ahí quedan los dos cuerpos.
Sentó plaza de soldado    con mucha alegría y contento.

Otros datos:
Notas del recolector: -21a calechón "callejón" en el habla local del pueblo.

Bibliografía:
Recitada por Belarmina Sal González (98a en 2006). Recogida por Roberto Gavela Sal, 2006. (Colec.: Gavela Sal). Publicada en Petersen-Web 2006, Texto © R. Gavela Sal. Reproducida con permiso del recolector.. Reeditada en Petersen-Web 2000-2007, Texto.