IGR: 5110. Versión: 3. Rima: é-o. Hemistiquios 81.
Sisterna (parr. Santa María de Sisterna, ay. Ibias, p.j. Cangas del Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)
Casado estaba Montero con doña Juana del Cueto,
blanca, rubia como el sol y de gran entendimiento
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .] solo aquel gran soberbio
que andaba por derribarlo haciendo trazas y enredos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Serás dueña de mis fincas, porque yo tanta hacienda tengo.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Y si lo sabe Montero mala fortuna tendremos
pero en fin yo daré astucia para que juntos estemos.
Marcharemos a la cuadra caballos aparejemos.
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .] en Madrid paran de cierto
Llega Montero a su casa hallando su mujer menos:
retorciéndose la barba, y haciendo mil juramentos
de no quitar barba en cara ni poner camisa al cuello
hasta encontrar al traidor que maltrataba su crédito.
Se fue a la tiendo y compró tres varas de paño negro
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .] cuatro mil remiendos.
Puso una montera blanca por cima un casco de acero;
con un palito en la mano limosna se fue pidiendo.
Estuvo en Madrid tres meses las diligencias haciendo;
el día de San Salvador tendió la vista Montero,
vio venir a su enemigo los pasos le fue siguiendo.
Se metió en un calechón . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Le escribió una carta de los cuatro mil enredos
diciéndole: «Mi sobrino mil años te guarde el Cielo;
dondequiera se te sabe Montero te anda siguiendo.
Por Dios te pido sobrino que te retires del riesgo
que contra ti está dispuesto».
Baja la dama de arriba: Mira que no sea enredo.
No hay enredo,– le replica, . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Que esta carta es de mi tío que a mí me cuesta saberlo.
Y se salieron de noche con el señor escudero;
llegaron hasta una venta cuando el día iba rompiendo.
Dice el galán a la dama Espejo, querido dueño
será tiempo que almorcemos.
¿Cómo hemos de parar en venta con el secreto que traemos?
Lleguemos hasta aquel cerro y allí un poco pararemos.
Cuando llegaron allí les esperaba Montero,
que en alta voz les decía Yo soy Antonio Montero.
Le dio siete puñaladas de la menor había muerto.
Ven aquí, mala mujer, yo ¿qué daño te tengo hecho?
Del alma lo que te pido que pague el delito el cuerpo.
Le dio dos puñaladas, quedó tendida en el suelo.
A los señores mandamases, a los señores mancebos,
a la señora justicia ahí quedan los dos cuerpos.
Sentó plaza de soldado con mucha alegría y contento.