IGR: 0253+0006. Versión: 9. Rima: á-a. Hemistiquios 70.
Corralín [El Bao] (parr. Sisterna, ay. Ibias, p.j. Cangas de Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)
Allí arriba en aquel alto una viuda habitaba
en compañía de una hija Teresina se llamaba
y el que la pretendiera era príncipe d`España.
Pasan tiempos, vienen tiempos, Teresina embarazada.
Don Diego, desque lo supo, empezó a comendarla.
El fuego te queme, niña, y al fuego seas quemada.
Y el príncipe, que lo supo, cayó muy malito en cama.
Llamaron siete doctores de los mejores d`España:
unos dicen: –Muere, muere–, y otros dicen que no es nada,
no siendo el más pequeño que miraba y callaba.
¿Qué me mira, buen doctor, qué tanto me mira y calla?
Lo que le digo, don Diego, que desponga de su alma:
tres horas tiene de vida, hora y media van andadas
y hora y media que te queda pa` desponer de tu alma.
Y al oír esto su padre altas torres donde estaba:
¡Qué poco duras, mi hijo, qué poco duras, mi alma,
qué poco duras, mi hijo, siendo el príncipe de España!
Bastante duró, mi padre, hasta que Dios lo mandara.
Allí queda Teresina, de mí queda embarazada.
Lo que le digo, mi padre, lo que antes le encargara,
ella si trae un varón, seré el prínicipe de España
ella si trae una hembra, será monja ` Santa Clara.
Estando en estas palabras, Teresina allí llegaba.
¿De dónde vienes, Teresa, tan cara de fatigada?
Vengo de Santo Domingo, de oír misa en Santa Clara;
de rezar a Dios del cielo que te saque d`esa cama.
D`esta cama, sí, por cierto, no será mucha tardanza.
Y aquí te traigo tres peras, tres peras y una manzana;
si te atreves a comerlas, te las doy de buena gana.
Yo comerlas, sí, por cierto, basta que me lo mandara.
Y terminando la pera y empezando la manzana,
`tando empezando la pera y el alma se le arrancaba.
Don Pedro murió a la noche, Teresina a la mañana,
y aquí se acaba la historia de los amantes del alma
y aquí se acaba la historia y aquí se acabó y se acaba.