IGR: 0797. Versión: 2. Rima: í-a. Hemistiquios 40.
San Martín de la Tercia (ay. Villamanín, ant. Rodiezmo, p.j. León, ant. La Vecilla, comc. Los Argüellos, León, España)
Era un alma pecadora, que para Santiago iba,
encontraba un río fondo, que pasarlo no podían.
Daba voces el alma al cuerpo que pasarlo no podía.
Ya la oyera un caballero, que en la su cama dormía,
ya se atreve y le pregunta a aquella alma qué tenía.
Cuando salí del mundo estaba la gente dormida,
candela no me encendieron, otra cosa no tenía.
Arrímate a las misas que has uído en la tu vida.
¡Ay de mí, triste, cuitado!, uído ninguna había,
entre la hostia y el cáliz siempre me hallaba dormida.
Arrímate a las limosnas que has-de dado en la tu vida.
¡Ay de mí, triste, cuitada!, yo dado ninguna había,
si no es un triste buevo una vez a una parida.
Arrímate a los rosarios que has-de rezado en tu vida.
Eso sí, gracias a Dios, a dos y a tres cada día,
siete cuarentenas tengo, la una te prometía.
Con esto camina el alma con contento y alegría.
A la vuelta de Santiago, el alma por allí volvía.
Si dormís, el caballero, Dios vos dé buena dormida,
que salvaste la vuestra alma, también salvaste la mía.