IGR: 0769. Versión: 2. Rima: á-a. Hemistiquios 77.
Bielba (ay. Herrerías, p.j. San Vicente de la Barquera, Santander, España)
En la gran frasca de Cádiz hay un señor que le llaman
don Pedro Acil de la Fuente, de hacienda muy moderada.
Este tal tiene una hija que se llama doña Juana.
Tiene muchos pretendientes, pero ninguno le agrada
a no ser un primo suyo que don Antonio le llaman.
Don Antonio, como primo, entraba y salía en casa
con satisfacción bastante y demasía sobrada,
que ya la niña se siente de siete meses preñada.
Ella dice que va a Roma a un caso que la importaba.
Su padre y sus tios soberbios pronto la dicen que vaya,
que el que a su linaje afrenta justo es que deje su patria.
Don Antonio que lo supo, cayó muy malo en la cama.
Doña Juana para irse, se fue a verle por su casa.
Y don Antonio la dice: ¿Dónde vas, perlita humana,
perlita de coral fino?, . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
que te puede suceder, mi vida, alguna desgracia.
No tema usted, don Antonio, que yo llevo gran compaña:
llevo la Virgen María que es purísima y sin mancha.
No anduvo la niña sola, . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
legua y media de camino sin sucederla una desgracia.
Cinco bandoleros ladrones, le salieron a encontrarla.
De los cinco mató tres, los dos mal heridos escapan
a dar cuenta a la justicia de los que muertos quedaban.
Un viernes a la mañana se arroja a los pies del Papa.
Lo primero que confiesa, que de un primo va preñada;
que ha hecho cinco muertes, lo que hace que salió de casa.
Mujer preñada de un primo, merece pena doblada;
una mujer, cinco muertes . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
si ellos le fueron la causa, debe de ser perdonada.
Entre estas palabras y otras, le dio el parto a doña Juana.
Dice el Papa a los criados . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
de sábanas y colchones, que la hicieran una cama;
que le dieran de comer de lo que tuviera gana;
que le diesen de beber vino de arriba del alba.
Ya doña Juana se siente con la salud recobrada.
Dice que quiere marcharse muy pronto para su casa.
Cinco mil maravedises le dio el Papa que gastara,
y un caballo de los suyos que más que el viento volaba.
El veinticinco de junio entró en Córdoba la llana
con su niña entre los brazos . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
y se casó con don Antonio, a pesar de quien pesara.