IGR: 0535. Versión: 1. Rima: á+á-o+í-a. Hemistiquios 54.
España
Tres hijuelos había el rey, tres hijuelos, que no más;
por enojo que hubo de ellos todos maldito los ha.
El uno se tornó ciervo, el otro se tornó can
el otro se tornó moro, pasó las aguas del mar.
Andábase Lanzarote entre las damas holgando,
grandes voces dio la una: Caballero, estad parado.
Si fuese la mi ventura, cumplido fuese mi hado
que yo casase con vos y vos comigo de grado
y me diésedes en arras aquel ciervo del pie blanco.
Dároslo he yo, mi señora, de corazón y de grado
y supiese yo las tierras donde el ciervo era criado.
Ya cabalga Lanzarote, ya cabalga y ya su vía;
delante de sí llevaba los sabuesos por la traílla.
Llegado había a una ermita, donde un ermitaño había.
Dios te salve, el hombre bueno. Buena sea tu venida:
Cazador me pareceéis en los sabuesos que traía.
Dígasme tú, el ermitaño, tú que haces santa vida,
ese ciervo del pie blanco, ¿dónde hace su manida?
Quedáis os aquí, mi hijo, hasta que sea de día;
contaros he lo que vi y todo lo que sabía.
Por aquí pasó esta noche dos horas antes del día,
siete leones con él y una leona parida.
Siete condes deja muertos y mucha caballería.
Siempre Dios te guarde, hijo, por do quier que fuer tu ida,
que quien acá te envió no te quería dar la vida.
¡Ay dueña de Quintañones, de mal fuego seas ardida,
que tanto buen caballero por tí ha perdido la vida!