IGR: 0451. Versión: 1. Rima: á-o. Hemistiquios 88.
España
Con rigurosas señales está el cielo amenazando
al descuidado Rodrigo, futuro mal denunciando:
cometas con largas colas ven, con sanguinoso rastro,
y bajar rayos al suelo en día sereno y claro.
Oyen aullidos de perros en los poblados y campos
y en las hondas sepulturas triste gemir de finados,
y en sus cuevas las serpientes dar silbos roncos y extraños.
Sintióse temblar la tierra abierta por varios cabos
y por la región del aire pelear hombres armados,
y en los desiertos, de noche, ruido, bien como cuando
dos gruesas haces se embisten confusas voces sembrando.
Temerosa estaba España; mas Rodrigo descuidado,
que un lascivo pensamiento le trae de sentido falto:
tanta fuerza tiene amor en quien no le da de mano,
que sujeta a la razón y se ríe del más sabio.
En esto andaba Rodrigo, no en los agüeros pensando,
ni cómo de España iría los límites dilatando,
ni cómo a la sangre goda: mayor nombre dé su brazo.
Sólo con amor vacila, con amor sólo es su trato,
en la Cava sólo piensa, no hay sin Cava alegre rato,
y todo lo que no es ella es tiempo mal empleado:
que ésta es la vía ordinaria en cualquier enamorado.
Había Rodrigo a la Cava su dolor manifestado,
a quien siempre halló firme en un propósito casto.
¡Mas como trae la ocasión crin donde le echar la mano
y sea el medio mejor para alcanzar lo intentado,
hallóla Rodrigo, y tal cual la demandaba el caso,
porque como siempre estaba la Cava dentro en palacio
en servicio de la reina, iba la vista cebando,
con cuya continuación crece el amor de lo amado.
Al fin tomando por fuerza lo que le era denegado,
gozó de la bella Cava, ¡hecho, en rey, por cierto malo!
Vino el conde don Julián, padre d` ella, que enviado
fue a Roma con embajada por el rey con celo cauto,
para poder conseguir su intento más a su salvo,
a quien la Cava se queja de la fuerza y duro rapto.
Tomólo el conde de suerte, que para poder vengarlo,
viéndose falto de fuerzas movió con los moros trato,
en que a España les daría, siendo dcllos ayudado,
y entrada por Algizira, o por Tarifa, su estado,
donde a la Cava llevó, ya su mujer, convocando
criados, amigos, deudos, que era el conde emparentado,
para el efecto ya dicho: ¡Tanto indigna un tal agravio,
que obliga a un hombre a perder vida, honra, alma, estado!