Montesinos y Oliveros desafiados v2

IGR: 0358. Versión: 2. Rima: á-o. Hemistiquios 366.

España

En las salas de París,    en el palacio sagrado
donde está el emperador    con su imperial estado,
también estaban los doce    que a una mesa se han juntado,
obispos y arzobispos    y un patriarca honrado.
Después que hubieron comido    y las mesas se han alzado,
ya se levanta la gente,    todos iban paseando
por una sala muy grande,    unos con otros hablando.
Unos hablan de batallas,    los que las han acostumbrado;
otros hablan de amores,    los que son enamorados.
Montesinos y Oliveros    mal se quieren en celado;
con palabras injuriosas    Oliveros ha hablado.
Las palabras fueron tales,    que de esta suerte ha empezado:
Montesinos, Montesinos,    ¡cuánto ha que os he rogado
que de amores de Aliarda    no tuviésedes cuidado,
que no sois para servirla    ni para ser su criado!
¡Si no por el emperador,    yo os hubiera castigado!
Montesinos que esto oyera    túvose por injuriado;
la respuesta que le dio    fue como de hombre esforzado:
¡Buen caballero Oliveros,    mucho estoy maravillado,
siendo hombre de buen linaje    siempre entre buenos criado,
que vos a mí deshonrar    bien debía ser excusado;
que si tuviera yo espada    como vos tenéis al lado,
las palabras que dijistes    bien las hubiérades pagado!
Oliveros que esto oyera    en la espada puso mano;
fuése para Montesinos    como hombre muy airado.
Montesinos no tiene armas,    descendióse del palacio.
Los ojos puestos en el cielo    juramento iba echando
de nunca vestir loriga    ni cabalgar en caballo,
ni comer pan a manteles,    ni nunca entrar en poblado
y de no rapar sus barbas,    ni de oír misa en sagrado,
ni llamarse Montesinos,    hijo del conde Grimaltos,
hasta que vengue la mengua    que Oliveros le ha dado.
En llegando a su posada    fue muy prestamente armado:
pone el yelmo en su cabeza,    vístese un arnés tranzado,
mandó sacar una lanza    que él tenía en apartado,
que la lanza era muy fuerte,    y el hierro bien acerado.
Ya es armado Montesinos,    ya cabalga en su caballo.
Las cartas que tiene escritas    a un paje las había dado,
que las lleve a Oliveros    y se las diese en su mano,
y le diga que le aguarda    Montesinos en el campo,
armado de todas armas    y el caballo encubertado.
Ya se parte el mensajero    con las cartas que le ha dado;
en casa del emperador    a Oliveros ha hallado;
con muy grande reverencia    el paje lo ha llamado.
Oliveros es discreto,    y hombre muy bien criado,
apartóse con el paje    en un lugar apartado.
Preguntó lo que quería,    o quién le había enviado.
El paje cuando esto oyó    las cartas le hubo mostrado. ,
Oliveros que las vido    dijo que él daría recaudo.
Ya se parte el pajecico,    ya se sale del palacio.
El plazo que Montesinos    a Oliveros hubo dado,
cuatro horas le da de tiempo    que le aguardaría en el campo,
y si al plazo no viniese    por traidor sería llamado.
El acudió de tal suerte,    que seis horas habían pasado.
Tanto aguardó Montesinos,    que ya estaba enojado.
Mientra que en el campo andaba    a Oliveros esperando,
vió allí un caballero    que llamaban don Reinaldos,
que de linaje era su primo,    y en el voluntad más que hermano.
Las palabras que le dijo,    de esta manera ha hablado:
Montesinos, Montesinos,    ¿qué facéis, mi primo hermano,
que según del modo os veo    vos estáis mal enojado?
Alguno os desafió    y vos lo estáis esperando,
porque no siento otra cosa    por qué estuviésedes armado
Montesinos que esto oyera    tal respuesta le hubo dado:
La causa que ansí me halláis    vos la contaré de grado:
un presente hoy me trujeron,    y en él vino este caballo;
mas vos sabéis mi costumbre,    que si caballo me han dado,
el primer día que a mí viene    ha de ser muy bien probado.
Yo por ver qué tal es este    he subido en el armado.
Don Reinaldos que esto oyera    esta respuesta le ha dado:
Montesinos, Montesinos,    vuestro hablar es excusado;
vos a mi no me neguéis    por qué estáis desafiado.
Montesinos que esto vido    que lo sabía don Reinaldos,
luego sin más dilación    la verdad hubo contado.
Vos sabéis, mi señor primo,    que hoy dentro en el palacio
yo y vuestro primo Oliveros    andábamos paseando.
De unas razones en otras    él me ha mal injuriado,
diciendo que de Aliarda    yo no tuviese cuidado,
que no era para servirla    ni para ser su criado;
que si mirado no hubiese    al gran emperador Carlos,
por el enojo que le hice    ya me hubiera castigado.
Yo le dije que hablaba    mal y muy desmesurado,
y él echó mano a la espada    y embrazóse de su manto.
Yo hallándome sin armas    descendíme del palacio;
fuíme para mi posada.    muy triste y muy enojado;
arméme con estas armas    que vos me halláis armado.
Cartas envié a Oliveros    que le aguardaba en el campo;
cuatro horas le di de tiempo    que le estaría esperando
y si en estas no viniese    por traidor sería llamado.
Desque pasan las cuatro lloras,    otras dos habían pasado.
Don Reinaldos que esto oyó    esta respuesta le ha dado:
Si queréis vos, Montesinos,    yo iré presto a llamarlo,
si no quiere oírlo de lengua,    decírselo he por las manos;
y si él no quiere venir,    para vos y mí, sean cuatro.
Ellos estando en aquesto    Oliveros ha llegado,
no como hombre de pelea,    sino como enamorado.
Él viene muy gentil hombre    mas también muy bien armado.
En llegando a Montesinos    de esta suerte le hubo hablado:
Montesinos, Montesinos,    ¿qué es esto, traidor malvado?,
que la fe que tú me diste    ¡hásmela muy mal guardado!
Dijiste que estarías solo,    y hállote acompañado.
Montesinos que esto oyó    tal respuesta le hubo dado:
Oliveros, Oliveros    de esto no estéis enojado,
que si compañía tengo    cierto vos lo habéis causado,
que si viniérades a tiempo    del plazo que os hube dado,
la compañía que tengo    no la hubiérades hallado,
que por causa de desdicha    él me halló aquí armado.
Él me preguntó qué había,    yo bien me hube excusado,
mas por importunación    sabed que yo le he contado
lo que está entre vos y mí    y lo que yo hube pasado.
Mas yo os haré juramento    donde vos queráis tomallo,
que por esta compañía    no seréis perjudicado,
sino que él se irá a París    quedando nos en el campo.
Pláceme–, dijo Oliveros,    de eso que habéis hablado.
Reinaldos se entró en París    y ellos quedan en el campo.
Íbanse de par en par,    y juntos lado con lado,
hasta llegar a la huerta    donde el campo se había dado.
Después que dentro se vieron    Montesinos ha hablado:
Agora es tiempo, Oliveros,    que se vea el más esforzado.
Vanse el uno para el otro,    recios encuentros se han dado;
los golpes han sido tales    que entrambos se han derribado.
Media hora y más estuvieron    que ninguno ha hablado.
Ya después que esto pasó    el uno se ha levantado;
fuése para Oliveros,    de esta suerte le ha hablado:
Buen caballero, no estéis    por tan poco desmayado,
echemos mano a las hachas,    pues las lanzas se han quebrado.
Oliveros que esto oyera    muy presto fue levantado.
Danse tan terribles golpes    que presto se han desarmado;
las piezas de los arneses    veréis rodar por el campo.
Oliveros que esto vido    de esta suerte le ha hablado:
Echa mano por la espada    pues que ya estáis desarmado.
Montesinos que esto oyera    presto la espada ha sacado:
fiérense de tales golpes    que se han mal aparejado.
Ellos estando en aquesto    un cazador ha llegado;
quísose poner entre ellos,    hanle mal amenazado,
que si entre ellos se pone    que él será muy mal tratado.
El cazador que esto oyera    medio muerto y espantado
se partió para París,    grandes voces iba dando:
Qué es de ti, el emperador,    que hoy pierdes todo tu Estado?
¡Hoy entre los doce pares    veo gran ruido armado,
y el imperio de París    todo escandalizado!
Oyólo el emperador,    donde estaba en el palacio:
mandó luego que lo llamen    al que tal iba hablando.
Ya es llegado el cazador    do está el emperador Carlos.
Las palabras que le dice    con temor demasiado:
Señor, sepa, vuestra Alteza    que hoy andando cazando
en la huerta de Sant Dionís,    dentro en ella yo he hallado
a Montesinos y a Oliveros    que se habían desafiado.
La sangre que de ellos corría    teñia las yerbas del campo;
que si ellos ya no son muertos,    estarán muy mal tratados.
El emperador que esto oyera    muy presto hubo cabalgado
con todos los caballeros    los que allí hubo hallado.
De Oliveros iba un primo,    y también iba un su hermano,
y el padre de Montesinos,    ese conde don Grimaltos.
Cada uno tiene parientes,    iban escandalizados.
El emperador, que esto vido,    pregonar luego ha mandado:
que de manos ni de lengua    ninguno sea osado
de decir descortesía,    ni quistión hayan buscado
y quien quistión revolviese    fuese luego degollado.
Por miedo de aquel pregón    todo hombre va limitado.
En allegando a la huerta    el emperador hubo entrado.
Por el rastro de la sangre    los caballeros han hallado,
el uno caído a una parte,    otro caído a otro lado.
Llamó a sus caballeros    los que le han acompañado.
Cuando la gente los vio    veréis hacer un gran llanto:
unos dicen: ¡Ay mi primo¡    otros dicen: –¡Ay mi hermano!
El conde Grimaltos dice:    ¡Ay mi hijo mal logrado!
Cuando el emperador vido    su pueblo escandalizado,
mandó traer unas andas    en que hubiesen llevado
aquellos dos caballeros    que se habían maltratado:
que los lleven a París    dentro del real palacio;
doctores y bachilleres    que viniesen a curarlos.
Fue la voluntad divina    que a poco tiempo pasado
les hallan gran mejoría,    que se han mucho remediado.
Ya sanos los caballeros    y Dios que les ha ayudado,
mandóles el emperador,    que amigos hayan quedado.
Cásanlos con sendas damas    las más lindas del palacio,
y púsoles grandes penas    que ninguno sea osado
de hablar con Aliarda,    ni de ser su enamorado,
y quien esto quebrantase    de la vida sea privado.
Así quedaron amigos    y el imperio asosegado.
Luego Aliarda casó    con un caballero honrado;
quedaron todos contentos    y el romance fue acabado.
Variantes: -22ayo tuviera. Silva, Flor; -27b juramento. Silva; -63ba para que así estéis armado. Flor. Pues os detuviese aquí armado. ed. poster. del Canc. de rom.; -90a Pasadas son. Flor; -123b Montesinos levantado. Flor; -145b Con gran temor las ha hablado. Flor; -158b ni hacer desaguisado. Flo.; -164a Llama. Silva; -172a cirujanos. Flor. }; -175bporque Dios. Flor; -179b en público, ni en celado. Flor; -183b es acabado Silva; con mucha paz en su estado. Flor..    

Otros datos:
Nota: *Claro está que este romance es ya una reformación algo más artística del anterior, del que repite versos y trozos enteros, dándole empero una catástrofe mucho más prosaica y a modo de las comedias. [Este texto parece también corresponder al Pliego de París (Jacobo Cromberger. Sevilla 1511-1515); Dicc. 1040). SHP]

Bibliografía:
Documentada en 1547 en Canc. de rom. s. a. f. 65 (Romance de un desafío que se hizo en París de dos caballeros principales de la tabla redonda, los cuales son Montesinos y Oliveros. Fue el desafío por amores de una dama llamada Aliarda)* y Canc. de rom. 1550 f. 65; Silva de 1550 t. II. f. 162, y Floresta de varios romances. Reeditada en Wolf 1856b, Primavera y Flor de Romances, nº 177a, vol. II, pp. 279-289 (Montesinos. IV.).