IGR: 0358. Versión: 1. Rima: á-o. Hemistiquios 189.
España
En las salas de París, en un palacio sagrado
ado está el emperador con los pares razonando,
acabando de comer, un rumor se ha levantado:
Oliveros y Montesinos mal se quieren en celado.
Oliveros fue el primero que se había desmesurado:
Dicho os he, Montesinos, días ha que os he rogado,
que de amores de Aliarda no tuviésedes cuidado,
que no sois para servilla, ni para ser su criado;
si no fuese por el emperador yo os habría castigado.
Montesinos que esto oyera la color se le ha mudado,
así le tiemblan las carnes como a hombre sentenciado.
Echó mano a la su espada, su rico manto abajado,
tiró un golpe a Oliveros, mas no le había acertado.
Oliveros no tenía armas, dos saltos atrás ha dado.
Metióse la gente en medio, otra cosa no ha pasado.
Ellos en aquesto estando don Roldán había llegado
a grandes voces diciendo:
¡Viva, viva el emperador, y el que vive a su mandado!
¡Viva!– dijo Montesinos, mas no de ser ultrajado;
que si de esto no me vengo, no entraré más en poblado,
ni comeré pan a mesa, ni oiré misa en sagrado,
ni me vestiré loriga, ni cabalgaré en caballo,
ni me llamarán en Francia hijo del conde Grimaldo.
Abájase del escala con pasión, muy lastimado;
fuérase al mesón de Burgo ado estaba aposentado.
Armóse de una loriga y de un arnés tranzado,
echóse un escudo al cuello: de todas armas armado,
sin poner pie en el estribo, en el caballo había saltado.
Sale por la puerta afuera muy honesto y mesurado,
por las calles que había gente íbase muy sosegado,
por do vía que no estaba va corriendo como un gamo.
En saliendo de París topara con don Reinaldo,*
primo suyo carnal, en amor más que hermano.
¿Adónde vais, Montesinos, adó vais tan bien armado?
O vais con mensaje a moros, o venís desafiado.
No voy a nada de aqueso, ni de ello tengo cuidado;
mas Oliveros en palacio de palabras me ha ultrajado.
Respondiérale yo a ellas, mas no quedé bien pagado.
Por Dios os ruego, mi primo, que vais a desafiarlo,
que le digáis de mi parte que le espero en el campo,
en el campo de SanDionís bien armado y a caballo.
Pláceme, dijo Reinaldo, pláceme de muy buen grado,
decírselo he de boca, aunque esté muy ocupado.
Si no quisiere uno por uno, seremos dos por cuatro,
aunque viniese con ellos don Roldán el encantado.
Ellos en aquesto estando Oliveros que ha llegado
con la sobrevista verde. ¡Oh cuán bien parece armado!
El gesto trae descubierto, blanco es y colorado,
a grandes voces diciendo: Tiraos afuera, Reinaldo,
lo que ha dicho Montesinos presto le costará caro.
Pláceme le dijo él, pláceme de muy buen grado.
Volvió riendas al caballo, en París se había lanzado.
Mejor fuera para ellos no habellos él dejado.
Pocas palabras se dicen, metido se han en un prado.
Apartóse el uno del otro cuanto un tiro de dardo.
De los muy recios encuentros a tierra se han derrocado.
Herido fue Montesinos en el su izquierdo lado;
así quedara Oliveros por medio de su costado,
que el hierro de Montesinos en el cuerpo le ha quedado.
Levántanse ambos en pie, las espadas han sacado;
entre los dos caballeros cruel batalla se ha trabado.
Ellos en aquesto estando Baldovinos que ha llegado
con sus perras de traílla y su halcín en la mano.
Rogado les ha por la paz; d` él nada no se han curado.
Batió piernas al caballo, y el así los ha dejado.
Fuése al emperador muy triste, desconsolado.
¿Qué hacéis aquí, señor, con tan pequeño cuidado?
Que hoy pierdes dos caballeros, los mejores de tu estado,
en el campo de San Dionís cada uno mal llagado.
Si presto no socorréis el campo será acabado.
Don Carlos cuando lo oyera temblaba como azogado;
cabalgó en un palafrén por no esperar a caballo.
Con él iba en compañía ese conde don Grimaldo,
con él iban caballeros, todos eran hijos dalgo.
En llegando a San Dionisio venlos estar en lo llano;
cada cual caído en tierra, que no bullen pie ni mano.
Cuando así los vido el conde, de su boca había hablado:
¡Qué tal estáis, mi hijo, el mi hijo mucho amado,
por las tierras do yo voy por vos fuera muy honrado!
Si habéis herida de muerte de vuestra alma habed cuidado.
Aunque vos muráis, mi hijo, de mí no seréis llorado,
que ni moris por mesones, ni por tableros jugando;
moris como caballero en el campo peleando.
Que no moriré, señor, de lo que estoy agora llagado;
mas socorred a Oliveros, ved si está peor tratado.
Con él está acá, mi hijo, el emperador don Carlos.
Mucho estaba mal herido, vos no estáis muy bien librado.
Allí llegó el emperador, su rostro todo mojado
de lágrimas de sus ojos que por ellos ha llorado.
Si sois vivo, Montesinos, yo quedaré consolado.
Cuál me hallardes señor, estoy a vuestro mandado.
Con igual honra en París ambos los han lanzado;
con la vida de los dos el pueblo se ha holgado.
Mucho más se holgó el conde, y así hiciera Reinaldo,
que del bien de Montesinos él estaba muy pagado.