IGR: 0231. Versión: 40. Rima: ó+á. Hemistiquios 122.
Buiza (ay. La Pola de Gordón, p.j. León, ant. La Vecilla, comc. Gordón, León, España)
Cartas van y cartas vienen, cartas al emperador,
que solteros y casados a servir al rey señor.
¡Así revientes, María, por (las) telas del corazón,
siete partos has tenido y entre ellos ningún varón!
Todas estaban sentadas en un corredor al sol;
responde la más pequeña y calla la más mayor:
Calle usted la boca, padre, no eché tan gran maldición,
calle usted la boca, padre, (que) yo iré a la guerra por vos.
Esos tus ojos tan lindos, hija, no son de varón.
Yo los revolveré, padre, como si fuese un traidor.
Esos tus pechos crecidos, hija, no son de varón.
Me comprará usted, mi padre, un delgadito jugón,
y yo los apertaré al par de mi corazón.
Y esas tus manos tan blancas, hija, no son de varón.
Me comprará usted, mi padre, unos guantes de algodón.
Siete leguas lleva andadas y desde allí se volvió.
¿Cóme me he de llamar, padre, cómo me he de llamar yo?
Te llamarás Oliveros, hija de mi corazón,
que así se llamaba un tío que en la guerra tenéis vos.
Siete años le sirvió al rey y nadie se lo notó;
de los siete pa los ocho el rey se lo conoció.
Amores me matan, madre, y amores me han de matar,
que los ojos de Oliveros son de mujer natural.
Pues llevadla vos, mi hijo, a las tiendas a mirar,
si Oliveros es mujer, a las cintas se ha tirar.
Los otros van a las cintas y Oliveros al puñal.
¡Oh, que linda espada ésta para mi rey manejar!
Pues llevadla vos, mi hijo, a los cafés y a fumar,
si Oliveros es mujer, el tabaco ha rehusar.
Si los otros fuman muchos, Oliveros mucho más.
Amores me matan, madre, y amores me han de matar,
que los ojos de Oliveros son de mujer natural.
Pues llevarla vos, mi hijo, a la huerta del frutal,
si Oliveros es mujer, a los higos se ha tirar.
Los otros se van a los higos y Oliveros al peral;
tan sólo coge una pera y esa en el bolso la trae,
para cuando llegua a casa a los niños regalar.
Pues llevadla vos, mi hijo, a los ríos a nadar,
si Oliveros es mujer, no se ha querer descalzar.
Los otros se dan a prisa y Oliveros mucho más,
ya llevaba un pie descalzo y otro a medio descalzar,
y le ha venido una carta de alegría y de pesar
que su padre estaba muerto y su madre poco más.
Págueme el sueldo, buen rey, si me lo quiere pagar,
que siete años le ha servido una doncella real.
Si le sirves otros tantos, mejor te lo he de pagar.
Ya no le puedo servir, ni aún un momento más,
que me ha venido una carta de alegría y de pesar,
que estaba mi padre muerto y mi madre poco más.
Por unos campos arriba corre más que un gavilán,
y el hijo del rey tras ella por ver si la pue alcanzar.
Cuando llegó a su casa, al terminar de cenar,
ella le dice a su madre con mucha sinceridad:
Déme usted la rueca, madre, por ver si yo la sé hilar,
porque la espada del rey bien la supe manejar.
Y el hijo del rey responde, que escuchándoselo está:
Con permiso los señores, si me permiten hablar,
esa niña que ahí tiene y ella que presente está,
no la den rueca ni huso, conmigo la he de llevar,
que si ustedes son gustosos con ella me he de casar.
Se celebraron las bodas con mucho rumbo y compás.