Difunta pleiteada v26

IGR: 0217. Versión: 26. Rima: í-a. Hemistiquios 95.

Asturias s. l. (Asturias, España)

Palabras se da don Juan    a doña Angela de Mesías,
tan firmes que se las dieron    que olvidarse no podían.
Su padre desque lo supo    trató de casar la niña
con un mercader muy rico    que ha venido de las Indias.
Al tiempo de despedirse    don Juan desta manera decía:
Quédate con Dios, doña Angela,    yo jamás te olvidaría.
Vaya usted con Dios, don Juan,    que yo lo mismo diría.
El día que yo me case    ande don Juan a la mira,
yo me tengo de casar    un juev[es] al mediodía,
que mi boda y el mi entierro    todo ha de ser en un día.
Desque vino de casarse    doña Angela se perdía;
subía de paso en paso    al cuarto donde dormía,
tenía un bendito Cristo,    lo fincó en una rodilla.
Por Dios te pido, Jesús,    por Dios y Santa María,
que me des la muerte en bien    antes que sea vencida.
Baja Cristo la cabeza    y dice que así lo haría;
luego allí la dejó muerta    con la lámpara encendida.
Cuando la echaron de menos,    tratan de buscar la niña;
subían de paso en paso    al cuarto donde dormía.
Su marido, que la vio,    desmayado se caía
y luego que ha vuelto en sí    de esta manera decía:
No me convendría a mí    la rosa de Alejandría.
Trataron de darle tierra    en la su nueva capilla,
debajo l`altar mayor    una losa tiene encima.
Pasaron los nueve meses    y don Juan no parecía,
luego a los nueve meses    don Juan por allí volvía
dando vueltas por la casa    por ver si veía la niña.
Vio pasearse una dama    toda de luto vestida.
¿Por quién guardas luto, dama,    por quién lo guarda, la niña?
Guárdolo por doña Angela,    doña Angela de Mesías,
la prenda que usted más quiso y adoraba en algún día.    
Dime dónde está enterrada    la rosa de Alejandría.
Debajo l`altar mayor,    una losa tiene encima.
Se fue derecho a la iglesia    por ver si veía la niña,
seguía a la iglesia alante    y el sacristán le decía:
¿A dónde va, caballero?    Voy en busca de una niña.
Salga, salga usted, don Juan,    salga, salga por su vida,
que desenterrar los muertos    a mí mal me parecía.
Vuelva, vuelva el sacristán,    que bien pago le sería,
un anillo de oro traigo,    que siete piedras tenía;
para usted no lo he comprado,    pero para usted sería.
El interés mueve al hombre    y el sacristán se volvía.
Cogen la losa entre dambos,    la levantan para arriba.
Siete veces la llamó,    ninguna le respondía.
Virgen . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
que me dejes enterrarme    con esta prenda querida.
Ya levanta los cabellos    quitando tierra de encima,
la ha cogido de la mano,    por la iglesia alante iba.
(Desque su padre lo supo, quiso reunirla con su marido pero el pueblo en masa dice que no, que es del que la ha desenterrado)    

Otros datos:
Notas: -2a en el texto tan firmes se que l. d. Ayunt. quizás Ribadasella; original ms. de letra de J. Menéndez Pidal, sin datos sobre lugar y fecha de recolección, pero en el mismo tipo de papel en que se anotaron las versiones de Sorelles y Linares).

Bibliografía:
Recogida por Juan Menéndez Pidal, 1902 (fecha deducida) (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en Romancero asturiano, tomo II (en prensa) y Petersen-Web 2006, Texto.