IGR: 0214. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 88.
Bercimuel (ay. Bercimuel, p.j. Sepúlveda, Segovia, España)
Zagala que en este monte guardaba un hatajo `e cabras,
una tarde muy lluviosa y con fuertes aguarradas,
ya vino una más fuerte, que el suelo no se vio nada,
y al mismo de oscurecer se la esparcieón las cabras.
No puén haber ido lejos, no puén haber ido largas,
no puén haber ido lejos, que hace poco que aquí estaban.
Con el rosario en la mano, rezando a la Virgen santa,
que el que a la Virgen Santa reza, la Virgen Santa le ampara.
Siete vueltas dio a un peñasco, más allí ya no halló nada,
y a orilla de un pino verde todas las halló rodeadas.
Y a eso de la medianoche, cuando los gallos cantaban,
vio venir por altos cerros tres infantes en campaña,
que eran San José y la Virgen y Jesús, que así se llama.
San José como `elantero, el primero la dio el habla.
Buenas noches, pastorcita, ¿cómo tan solita te hallas?
Buenas noches, Jesús mío, y de Dios sean bien santas.
¿Me has conocido, chiquita, que tan dulcemente me hablas?
Yo no le conozgo a usted, ni en jamás le he dado el habla.
Si te quisieras venir, donde yo serás llevada.
Sí señor, con usté iré, dejando entregás mis cabras.
Chiquita, deja tus cabras, que en ellas no andará nada
y si lo llegara a haber aquí estoy yo pa buscarlas.
Las neblillas se la suben, las nubes se la acercaban;
cuando quiso arrecordar, las nubes se la llevaban.
Dando una voz por el aire tan resplandeciente y clara:
¿Dónde voy yo, Jesús mío, si no voy pa mi poblada?
No te aflijas tú, chiquita, no te aflijas tú por nada,
que, para venir, me han dicho que la Gloria tiés ganada
y un Santo Cristo que tiés a una esquina de tu cama.
Santo Cristo de mi vida, Santo Cristo de mi alma,
vente conmigo, José, vente y traite la vara,
que es preciso que entreguemos que a sus padres las cabras.
Sobre poco más o menos bien se hacía dónde quedaban.
Las cabras ya hemos hallado y es preciso de contarlas.
Por el cuento bien están y en ellas no falta nada.
Vete delante, José, vete delante a llamarlas.
Y a eso de la medianoche, cuando a la ciudad entraban.
Abre, abre, labrador, que te vengo a traer tus cabras,
que tu hija está en el cielo y de ángeles coronada.
El labrador, de que oye eso, desmayado cayó en cama.
No te aflijas tú, buen hombre, no te aflijas tú por nada,
que, para venir, me han dicho que la Gloria tiés ganada
y un Santo Cristo que tienes en la esquina de tu cama.
¡Santo Cristo de mi vida, Santo Cristo de mi alma!
Variantes: En una segunda recitación el informante ordenó los versos 8-13 que en un principio dijo en el siguiente orden: 8,11,12,9,10,13.
Nota del colector: [El informante ] es pastor y explícase los pormenores pastoriles del recuento, etc.